cosas que pasan todos los días

Le mandé un mail dos días después de conseguirlo. Le conté que hacía algo de un mes la había visto reunida en mi piso y la había reconocido. Que busqué su nombre en los folletitos que nos daban cada fin de año en la primaria, pues no lo recordaba. Como ella no estaba nominada, hice un esfuerzo mental y recordé que quizá se había ido de la escuela antes de terminar el año, porque creo que era de Córdoba y su familia se mudaba mucho siguiendo al padre que no me acuerdo en qué empresa trabajaba.

Así que investigué un poco y conseguí un par de teléfonos y mails. Pregunté a varios hasta que alguien recordó su nombre. Le conté que estaba sorprendido porque, por aquella época, yo había estado muy enamorado de amor de primaria de ella. O sea, gustaba de ella, y sin embargo hoy no recordaba su nombre, muy loco. En fin, cuestión que una maestra se acordaba, o lo tenía en algún cuaderno de aquella época, y me lo pasó en medio de chistes que le cabían más al yo de 9 años que al de 30 largos que soy ahora. Pero bue, tenía lo que quería.

Cuando la vi sentada en mi oficina alguna alarma interna se me activó, pero asumí que se trataba de las habituales, esas que nos despierta la curiosidad cuando vemos una mujer nueva dando vueltas, nada de otro mundo. De hecho, me había parecido bonita, pero no súper llamativa. Me quedó dando vueltas hasta que asocié su imagen con la de la niña que alguna vez me había quitado el sueño. Por eso me determiné a contactarla. Igual no le dije todo esto.

Le dije que una vez hecho de su nombre, la busqué en el directorio de la empresa y, bingo!, estaba su nombre. Lo que confirmaba mis sospechas acerca de su identidad. Para revalidar la cuestión, comprobé en Facebook que su foto de perfil matcheaba (si, usé este término ñoño, perdón), y, aunque no podía ver más fotos, en la información sí refería a mi empresa como lugar de trabajo.

Así que aquí estaba, contactándola, para saludarla, y contarle cómo un encuentro casual despertó el recuerdo.

Qué loco no?

No le conté que estoy soltero desde hace 10 meses, porque me pareció mucho para un primer correo. Preferí dejarlo para cuando charláramos más fluido, o quizá mediando un café o un buen vino por qué no?

Le mandé primero el correo, y me quedé esperando. Para no mostrar ansiedad, dejé pasar unas horas antes de enviarle la invitación para ser amigos en Facebook.

Me contestó al otro día. Ya que me contestara era un buen inicio, y qué decir a que fuera sólo un día después. Me pavoneé en mi pequeña victoria y descansé el pequeño tormento ansioso en la lectura del mail:

“Hola Claudio, ay mirá que casualidad!
sí me acuerdo de vos. Qué lindo recuerdo.
Bueno
abrazo. Besos.”

Nunca me aceptó en Facebook.

Un comentario en “cosas que pasan todos los días

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