«virna le dijo a you -tienes en mente cuánto me ha dolido verte padecer todo este tiempo el dedicarte sólo a mí?-
-no entiendo a dónde quieres llegar…-
-a ninguna parte… quiero que te vayas por todas partes y que al fin el que llegue seas vos…- you se quedó con la boca abierta, deseoso de por fin poder liberarse un rato de su propia condena.
virna sonrió, entendiendo que you había entendido y, antes de irse sin portazo, arrojó 80 centavos sobre la mesa.»
quito para MenosMal ()
Godinez habló de palabras guardadas en cajones casuales, y yo pensé en frases inquietantemente relacionadas que sin embargo deambulan por dispersos lares del propio universo. Van y vienen las ideas cuando uno trata de cazarlas y apuntalarlas en papel; se revelan contra nuestra intención, y generalmente muestran la hilacha cuando no es fácil atraparlas. Sorprenden cuando no tenés lapicera a mano, o cuando el bondi transita por calles de endemoniado empedrado sorteando baches de nuestro bueno buenos aires.
No sé Godinez, no sé Cortázar, no sé Arlt o Borges… pero mi condición de desmemoria continua fue la que motivó mi anexo a la escritura. Padezco la llama eterna del que todo lo olvida, y sufro horriblemente cuando por un segundo (que es lo que se tarda en conseguir papel y lápiz), pierdo la frase justa, con sus palabras en el orden indicado, con su significado preciadamente divino; y termino lamentándome por horas, quizá días, porque ese pensamiento se ha vuelto irrepetible en el tiempo y en el espacio.
Por eso arrastro elementos para escribir, y papeles con algo en blanco que me permitan expresarme en esos momentos de lucidez. Acarreo conmigo la desprolijidad de un ciruja, todo por no perder esa batalla contra mis esquivos pensamientos que me atacan cuando no puedo enfrentarlos. No sé de qué calidad sean sus comentarios, pero lamento perderlos con verdadero dolor. He sufrido largas y torturantes mañanas por haber olvidado alguna idea, incluso una palabra, tan sólo al levantarme; y todo por la infeliz pereza de no haberme dispuesto a abrir los ojos y volver a la realidad en el momento indicado. Esa maldita paradoja de no querer abandonar la pseudos-realidad que al rato lloraré por no haberla plasmado para recordarla.
Y vuelvo al origen de la idea, que se me está escapando como las otras. Porque Godinez dijo, se lamentó por abandonar alguna realidad paralela. Y yo digo, pienso, que no se trata de abandono ni se trata de infidelidad, sino de algo tan simple como el deambular por otros mundos (o cuando soñamos también somos infieles?). A veces un mundo nos deja de lado por un tiempo, una historia se nos aleja. Es como un amigo que se muda lejos y al cual vemos cada tanto, y cada encuentro con él desborda nuevas anécdotas y continúa también la historia principal. Y lamento enterarme que con estas cosas no existen ni el correo electrónico, ni el celular, ni siquiera un buzón en la puerta de casa donde recibir noticias frescas.
Yo convivo con cientos de personajes, con los que río y lloro. Cientos de historias que me cuentan y me re cuentan, hasta que se asemejan realmente a lo que querían contarme, o hasta que ya no tienen más ganas de contarlas. Uff, si habrá veces en que una historia cambia, pues mi memoria falla pero también la de mis personajes que olvidan detalles y luego los agregan para confundirme o, a veces para mejor, para clarificarme la verdad de la milanesa. Y encima también tengo otros que sólo son conocidos pero que alborotan mi mente con sus comentarios sin incidir del todo, pero prometiéndome un café para contarme, algún día, sus interesante
s historias.
Yo tengo mi propia virna que me tiró 80 centavos sobre la mesa, y un talonario de pasajes gratis en tren para que me fuera por ahí y todavía no volviera a ella. Creo que lo hizo porque necesita madurar antes de contarme ciertas cosas que son muy fuertes para ella. Creo también que espera que yo madure para que pueda entender todo lo que le falta contarme. Y mi virna por suerte, tampoco reclama nada, sólo duerme cerca y de vez en cuando me avisa que está bien, que no nos vamos a morir sin tener esa charla que nos debemos.
-no entiendo a dónde quieres llegar…-
-a ninguna parte… quiero que te vayas por todas partes y que al fin el que llegue seas vos…- you se quedó con la boca abierta, deseoso de por fin poder liberarse un rato de su propia condena.
virna sonrió, entendiendo que you había entendido y, antes de irse sin portazo, arrojó 80 centavos sobre la mesa.»
quito para MenosMal ()
Godinez habló de palabras guardadas en cajones casuales, y yo pensé en frases inquietantemente relacionadas que sin embargo deambulan por dispersos lares del propio universo. Van y vienen las ideas cuando uno trata de cazarlas y apuntalarlas en papel; se revelan contra nuestra intención, y generalmente muestran la hilacha cuando no es fácil atraparlas. Sorprenden cuando no tenés lapicera a mano, o cuando el bondi transita por calles de endemoniado empedrado sorteando baches de nuestro bueno buenos aires.
No sé Godinez, no sé Cortázar, no sé Arlt o Borges… pero mi condición de desmemoria continua fue la que motivó mi anexo a la escritura. Padezco la llama eterna del que todo lo olvida, y sufro horriblemente cuando por un segundo (que es lo que se tarda en conseguir papel y lápiz), pierdo la frase justa, con sus palabras en el orden indicado, con su significado preciadamente divino; y termino lamentándome por horas, quizá días, porque ese pensamiento se ha vuelto irrepetible en el tiempo y en el espacio.

Por eso arrastro elementos para escribir, y papeles con algo en blanco que me permitan expresarme en esos momentos de lucidez. Acarreo conmigo la desprolijidad de un ciruja, todo por no perder esa batalla contra mis esquivos pensamientos que me atacan cuando no puedo enfrentarlos. No sé de qué calidad sean sus comentarios, pero lamento perderlos con verdadero dolor. He sufrido largas y torturantes mañanas por haber olvidado alguna idea, incluso una palabra, tan sólo al levantarme; y todo por la infeliz pereza de no haberme dispuesto a abrir los ojos y volver a la realidad en el momento indicado. Esa maldita paradoja de no querer abandonar la pseudos-realidad que al rato lloraré por no haberla plasmado para recordarla.
Y vuelvo al origen de la idea, que se me está escapando como las otras. Porque Godinez dijo, se lamentó por abandonar alguna realidad paralela. Y yo digo, pienso, que no se trata de abandono ni se trata de infidelidad, sino de algo tan simple como el deambular por otros mundos (o cuando soñamos también somos infieles?). A veces un mundo nos deja de lado por un tiempo, una historia se nos aleja. Es como un amigo que se muda lejos y al cual vemos cada tanto, y cada encuentro con él desborda nuevas anécdotas y continúa también la historia principal. Y lamento enterarme que con estas cosas no existen ni el correo electrónico, ni el celular, ni siquiera un buzón en la puerta de casa donde recibir noticias frescas.
Yo convivo con cientos de personajes, con los que río y lloro. Cientos de historias que me cuentan y me re cuentan, hasta que se asemejan realmente a lo que querían contarme, o hasta que ya no tienen más ganas de contarlas. Uff, si habrá veces en que una historia cambia, pues mi memoria falla pero también la de mis personajes que olvidan detalles y luego los agregan para confundirme o, a veces para mejor, para clarificarme la verdad de la milanesa. Y encima también tengo otros que sólo son conocidos pero que alborotan mi mente con sus comentarios sin incidir del todo, pero prometiéndome un café para contarme, algún día, sus interesante
s historias.Yo tengo mi propia virna que me tiró 80 centavos sobre la mesa, y un talonario de pasajes gratis en tren para que me fuera por ahí y todavía no volviera a ella. Creo que lo hizo porque necesita madurar antes de contarme ciertas cosas que son muy fuertes para ella. Creo también que espera que yo madure para que pueda entender todo lo que le falta contarme. Y mi virna por suerte, tampoco reclama nada, sólo duerme cerca y de vez en cuando me avisa que está bien, que no nos vamos a morir sin tener esa charla que nos debemos.
Pensar que hay tantas virnas por el mundo de cada uno… todas alrededor mutándose en mil formas y nombres, alimentando nuestra ilusión con más charlas prometidas que se estiran tanto en el tiempo que a veces hasta lo vuelven a uno un poco bastante loco. Ay, virna, virna… sabés que hubo tiempos en los que me anduve cerca… y vos ni la hora. Lo único que me deja tranquilo es verte ahí, haciéndote la ausente pero existiendo…
(y si… is not easy…)