arden las imágenes en mi retina de viernes y sé que pasando el fin de semana habrá alivio pero también me pregunto si me alegra aprovechar dos días para desaprovecharlos desalojando los malos humores de mis sentires visuales y de los músculos que se van doblando más rápido que de a poco como esas ramas que se amoldan a los tutores o peor aún se van definiendo a sí mismas por el camino que pueden y así salen chingadas sufriendo la artrosis de la existencia por no meterle fuerza a sus empujes y correr el cuerpo o sacar del medio al que estorba entre la rama que es uno apenas creciendo con esas ganas de la juventud y el aire que está ahí pero lo que estorba actúa a modo de barrera diciéndonos que tiene la autoridad para marcarnos el rumbo o definirnos la manera de ser o desarrollarnos o la obligación de educarnos porque su existencia los puso en nuestro camino para contenernos y mostrarnos qué está bien y qué está mal porque hay leyes que respetar y nadie puede osar quebrar esas leyes que de ser pisoteadas pueden alterar la paz y el bien común de la sociedad donde vos y yo o él estamos para ser parte y contribuir a desarrollarla y mantenerla y protegerla y someternos al esfuerzo que sea necesario para que ella se fortalezca apoyada sobre nuestros hombros y espaldas que son el pilar de toda comunidad para que cuando nazca tu hijo tenga donde aprender a ser sometido y tenga también una brigada de padres tutores educadores que lo formen a la necesidad de la civilización que necesita de sangre nueva para continuar procreando la maquinaria de evolución y avance que bien no deja en claro hacia dónde pero sí deja en claro el desde dónde porque si mirás para atrás vas a ver lo que era antes la humanidad y lo que es hoy la humanidad que si lo pensamos bien es lo mismo pero hoy está llena de chiches que le facilitan algunas cosas y le imposibilitan otras o poray en realidad se las acercan o se las alejan para que uno crea que dejó de ser un esclavo como los de antes y se convenza que todo lo que hace lo hace por gusto y para mejorar la calidad de vida que de cálida a veces no tienen nada porque cada vez se va poniendo más fría y frívola y las relaciones son coladas por filtros digitales que le están quitando calentura hasta a la pornografía que antes te calentaba hasta una foto en una revista y ahora te preguntas porqué si está tan fácil ya no me emociona esa mina que antes me masturbaba la cabeza de un vistazo y te contestás que puede deberse a la cantidad y la respuesta es que cantidad quita la sed y empalaga y de golpe si te descuidás hasta el sexo va a ser sólo para reproducirse porque va a perder emoción y entonces ganará la depresión porque las cosas buenas de la vida se habrán relegado al orden natural y mínimo de la existencia y multiplicación y todos estaremos sometidos a la mediocre sensación del conformismo y primitivismo por ser parte de un orden superior como está pasando ahora en este momento en que estoy contento porque es viernes y aunque me arden los ojos de tanto trabajar toda la semana estoy feliz porque los sábados no trabajo como otra pobre gente y entonces yo voy a poder aprovechar para desaprovechar dos bonitos días en un merecido descanso que me reponga los humores en su sitio para volver con los ojos descansados el lunes y lúcido como una lechuga fresca para romper los récords de estupidez humana si puedo o por lo menos seguir intentándolo mientras también intento ponerle cara a ese orden superior que no sé si me sonríe como un gerente común y corriente o de verdad será un dios contemplativo que come sacrificios y caga milagros
pausivo / (in)activo
Al principio quise escribir mucho sobre Virna. Me entusiasmé recordando sus historias, a mí con ella; esas fotos que uno guarda con tanto afecto.
Pero con el tiempo esta crónica empresa me resultó aburrida, y ya no sé si quiero seguir hablando de Virna.
Es Virna tan interesante? Mañana volveré a preguntármelo.
Mañana volveré a preguntarme si tiene sentido seguir trayéndola a mi mesita de luz, al minuto de mis sueños, al rincón enmohecido de mis momentos sensibles.
A veces extraño tanto a Virna que ya no sé… no sé si amo a Virna, o a ese embudo que siento al extrañarla…
Si aunque sea apareciera para poder desprenderme al fin de ella…
r.canapé
príncipe sai
Se me explotan las sensaciones ahora…
Tan bruto que no puedo asimilarlo así de golpe…
Estoy hace 9 meses detrás de una puerta,
con la mano en el picaporte,
esperando abrirte, chavalito,
para jugar en un mundo mágico…
Tengo elefantes caminándome los nervios
pero rasguño calma de cualquier lado;
mendigo algo de paz (que sé con vos no viene)…
y voy piolón, apretando el embrague;
que me lleve el envión…
(es mucha la velocidad, sabés?)
Me agarraría todas las venas y me haría un crochet;
cosa de comprar paciencia a cuenta…
No quiero ni pensar:
no tiene que ser una cuestión de la cabeza…
que los sentimientos hagan lo suyo y ya
…se lo merecen después de tanto.
Tu llegada será el universo en un instante,
en el estómago, en el culo,
en el pecho, en las uñas,
en la garganta mil planetas,
todo el agua del mundo detrás de mis ojos
en cataratas que no sé cómo contener…
TODO eso,
y después más de todo eso in crescendo…
Pendejo, ya te dije, preparate las plantas de los pies
que van a caminar desnudos a la par de los míos:
nos vamos a pinchar de lo lindo,
a embarrarnos, a pisar brasas,
nos vamos a romper los dedos,
vamos a tropezarnos
vamos a cagarnos de risa y a llorar a moco tendido…
Todo eso te prometo,
y un montón de cosas que ni me imagino…
Pd: los vicios los dejo, para que vos invites…
(conociendo a virna IV) levedad del tiempo
Tenía un arito en el labio superior. Cuando la besé choqué torpemente contra el metal quirúrgico, pero me habitué rápidamente.
Era chica, mucho más chica que yo, pero a veces la distancia provoca otras uniones. Éramos como de dos culturas distintas. Cada uno, para el otro, era como un ser exótico que llamaba nuestra atención.
Hicimos el amor bajo un puente, no recuerdo bien qué parque era, porque estábamos en Brasil y nunca fui bueno para los nombres de lugares.
Habíamos cruzado dos palabras en castellano acerca del cagazo que nos daba que nos limpiara alguno de la favela, que no era lo mismo que en Buenos Aires.
Me sorprendió que una pendeja como esa me hablara a mí que a simple vista le sobraba como diez años.
–La puta que lo parió… –Había dicho ella. Y yo me había vuelto para saber quién puteaba en mi idioma.
Después fue la sonrisa cómplice, la charla trivial sobre estar en un lugar tan hermoso. Más tarde caminamos las cuadras hasta la playa y nos refrescamos en el mar.
Era hermosa, radiante de juventud. Flaquita pero con curvas armoniosas. Morocha, mejillas coloradas culpa de la arena de los últimos 6 días. Y yo que había venido a este país a pegar garotas…
Bajó el sol y no entendí porqué seguíamos juntos. Me habló de sus amigas, pero nunca de reunirse con ellas.
Me agradaba no tener que hablar con señas en este paraíso. Cuando a uno le cuesta explicarse en un lugar así, se siente más extranjero todavía. Un desdichado al que se le concede el deseo de vivir un rato la belleza pero no ser parte de ella. Pero con Virna todo había cambiado. Éramos parte de esto que nos rodeaba. Y, sin embargo, mirábamos todo de modo distinto. Éramos desconocidos, pero compartíamos la experiencia de serlo.
Rastreamos nuestras direcciones sin encontrarlas, y caímos en un parque. No necesitamos hablar ni convencernos de nada. Nos acertamos las manos sin llamarlas, al igual que las bocas. Y bajo el calor salado usurpamos la sombra del puentecillo que saltaba un arroyuelo. Nos desnudamos de las ropas fáciles y nos amamos.
Encendimos dos luciérnagas rojas sin reparar en dónde estábamos. Fumamos hablando de Buenos Aires, cada uno de su barrio, cada uno del barrio del otro.
A ella le quedaban algunas flores, yo la miré agradablemente sorprendido.
–Ya ves, nadie ha detenido a la primavera… –Dijo, y nos reímos del abismo temporal que nos separaba.
Hablé de música vieja que había visto; que ella apenas había escuchado pero ahora veía a través mío. Escuché de su boca películas hermosas, y de pronto me entusiasmó el cine. Ninguno sabía mucho de tango. Ella habló de series adolescentes que no habían llamado mi atención, y yo parecía promotor del canal retro. Coincidimos en que esta experiencia era rara, pero la repetiríamos. Ella reía carcajadas nuevas, inocentes. Yo me daba cuenta cuánto había dejado en el camino.
Seguíamos desnudos, impertinentes ante el mundo que nos rodeaba.
Virna se fue al otro día, horas después que la luna nos despidiera frente a su hospedaje.
Yo me quedé una semana más, sin poder encontrar otra vez el puentecito; en un Brasil que se había apagado ante mis ojos; percatándome de lo sencillo que resulta añorar tus calles cuando se deambula vacío por el paraíso.
r.canapé
espejito espejito
You, todo depende de VOS
tODO pende de you, y a muchas veces me incluyo
O sea, yo necesito de tu tiempo, lo sabés, tan lo sabés que me esquivás como un bb NEne
voluntad nene, voluntad, time is the answer too all the questions
ES la única manera sabés ?, de que lo nuestro se termine de una vez por todaS
¿contradictorio no? Como vos, como yo, como YOU
ya te lo dije, siempre te lo digo: por eso yOu
desde un Principio fue así aunque a veces quieras dar vueltas las cosas
¿te acordás lo que te dije hace unos minutos?
No mentía, no mentía, por supuesto que no.
ahora, no sé cuánto habrá pasado desde las palabras reunidas entre mi voz y EStE papel: poray años de recorrido con unas monedas y la cabeza rota
Yo maybe esté para curarte si t animás SI sabés buscarme, o en tu lecho de muerte llegues a pensar en mí antes de suspirar convencido que todo, siempre, es fué tu responsabilidad , aunque tires cuerdas para amarrarle los pies a cualquier desprevenido
No soy única, pero p/ vos SOY una sola de cada una… (3 puntitos como t gusta a you)
Si NO sería más aburrido que discutir por enésima vez si fósforos o cigarrillos.
T digo, ahora q volviste, que tE extrañaba, así que buscáme
pero no por mucho rato, (ya está por terminar esto), y mejor tomarse el tiempo justo para ponerle el moño, monito MÍO
te dibujaría una flor, pero capaz la rompés marchitás con esa cabeza de regadera q tenés
beso. Vi.
teoría de la relatividad
Fue hasta el baño y la imaginó sentada en el inodoro, hablando con él. Se apoyó en el marco de la puerta y aguardó un instante, como esperando a que ella terminara lo suyo y le dejara el lugar. De pronto tuvo la necesidad de encontrar la tabla caliente como siempre sucedía. Un eco del pasado le trajo la frase bancá que ya termino, que siempre repetía ella con esas exactas palabras.
Meditó un rato, sentado en la soledad del trono, que quizá estaba tan obsesionado con este mambo que bien podría reventar de retención a la espera de que ella o su fantasma le cedieran el lugar. Por esa época, si ella no estaba ahí antes que él, ciertamente era que a él no le daba por ir al baño.
Se apoyó contra la tapa mientras se aliviaban sus intestinos, y recordó la charla con un amigo del trabajo. Una charla típica de amigos de trabajo.
–Rober, no sé cómo podés decir que sólo cagás en el baño de tu casa… no lo puedo entender… Yo cago en cualquier lado, donde me agarren ganas…
–Bue, ahí stá el punto Pico: a mí no me agarran ganas…
–En serio?… Qué sos, una maquinita cronometrada?… Tenés horario de atención en el culo?
–Je, naaaahhh, será biológico… O sicológico capáz, porque en casa tampoco me agarran ganas de cagar hasta que la veo entrar al baño a Virna, ahí se me aceleran las contracciones como loco…
–No te puedo creer mágico… No la dejás cagar tranquila a ella…
–Mmm, tenés razón, no lo había pensado de ese modo… Jaaaaaaaaa, le meto presión vos decís?
–Y claaaaro… Le metés presión y te le metés en el baño…
–Bue, eso es normal… Ninguno de los dos se queja… Podemos cagar con la puerta abierta sin pudor… Je, con decirte que cuando yo voy a cagar me pongo a leer cosas en voz alta para que ella escuche… Siempre hago eso…
–Qué loco… Tons ella maneja los momentos culturales papá: cuando tiene ganas de que vos leas se va a cagar y te fuerza la lectura… Stán como sincronizados del carajo… Zarpado che…
Se sonrió y prendió un cigarro. Necesitaba el olor a quemado en el ambiente. O un cigarrillo o fósforos. Estornudó, tal vez por la tierra que el tiempo había depositado sobre todo el lugar.
Miró alrededor y descubrió el papel, pegado en el espejo.
Algo implosionó en su pecho. Mordió fuerte para contener el mareo muscular y la posterior relajación lagrimal. Pudo verla, descalza, con el culote blanco que él amaba morder. La camisetita de Bob Esponja, las tetas sin corpiño. Recién levantada, el pelo hecho un quilombo. Las palabras por toda la cabeza como pulgas, y ella escribiendo y pegando la nota en el espejo.
Aunque podría haber sido después de que me fuera, pensó.
Se estiró tratando de dejar el culo en línea directa al hoyo. No quería embarrar la tabla y después embarrarse él. Se estiró un poco más. Alcanzó el papel y lo despegó con cuidado.
Se preguntó porqué no lo había visto antes. Y se contestó comprobando que el cepillo de dientes seguía en su lugar. Un calzoncillo colgaba de la canilla de la ducha. Se había ido con lo puesto, así de impulsivo había sido el mambo.
Volvió a imaginarla por ahí dando vueltas. Ordenando las sillas o juntando las cosas del mate. Bajando el volumen del televisor lleno de noticias viejas. Todo un ritual pausado por años pero ahora tan vívido que parecía ayer.
Sopló el polvo, tosió, y leyó las líneas nerviosas del papel; alzando la voz, para que ella oyera sus propias palabras.
r.canapé
me falta espacio (casi estoy)
Abrí bien los ojos.
Entró luz hasta mis agallas,
comiéndose sin sal la cobardía.
(Y) Mis brazos cayeron a los lados
del cuerpo aliviado, sin cabeza…
Las ideas desparramadas por el piso,
para juntarlas y empezar de nuevo; qué lujo….
Después fue reunir los dedos
y hacer de cuenta que marioneta…
buscando dónde colgar los hilos,
como esos artistas de la tela.
Que las piernas, que el pelo…
hacerme de nuevo sin espejo,
sin referencias ni anhelos…
Respiré hasta las uñas.
Me ahogué hasta el karma…
gritón de recuerdos que no (me) revela.
Entonces porqué quiere pasarme letra?
Araño tierra, mastico hasta partir mis dientes.
Aprieto el culo, me arremango fetal,
se elastiza el frío bajo mi cuero caliente…
No espero que me entiendas,
nunca espero eso…
Pero te confieso, me gustaría
que por una vez no me mintieras…
ni quieras jugarla de súper power mental.
Si total yo soy insipiente… ínfimo…
una piedra que aboya nomás un poco el agua…
Soy de esas bombas
que se la pasan explotando
y casi ni salpican…
pero,
quién te dice un día, inunde…
(conociendo a virna III) lunar in subway
Debe entrar a las diez de la mañana, pensé. Calculé las distancias, hasta el microcentro normalmente eran quince minutos. Si tenía que caminar algunas cuadras serían otros cinco minutos. O sea que menos veinte debía subir al subte. Si para mí eran diez desde donde se subía ella, tenía que…
No, para qué pensarlo así, al revés, tenía que pensar en cuánto demoraba yo en llegar a dónde ella subiera, a las menos veinte. Así me la cruzaría. Así sería la casualidad causada.
Hice el esfuerzo y logré coordinar bien aceitado mi despunte matutino, cosa de agarrar el tren justo apenas salía de su base. Como había pasado en las dos oportunidades que la había cruzado, me instalaba en el último vagón allá al fondo del andén, o el primero mejor dicho porque en esa dirección iba el tren. Me sujetaba de uno de los barrales y me quedaba ahí paradito, recostado sobre la puerta del conductor. Nada de sentarme porque donde ella subía ya no quedaba lugar en la zona de los asientos.
Por espacio de dos o tres meses ejecuté la rutina como un relojito, pero nada. Pensando en las mil opciones que podía llevar a cabo para cruzarla, caí en que con un poco de inteligencia habría resuelto el dilema de manera mucho más sencilla: con llegarme a la estación de ella un rato antes, podría quedarme deambulando como quien espera un tren más vacío y pispiar el andén hasta encontrarla.
Reorganicé entonces mi despegue diario para lograr adelantarme unos quince minutos al horario habitual. Pero siempre pasa lo contrario a lo planeado, y justo el primer día un motoquero embistió a un taxi, y un bondi casi vuelca; y todo eso delante mío cuando me disponía a cruzar hacia la boca del subte. No fue mucha la demora, pero sortear el tumulto que se desbordó alrededor del accidente como un hormiguero recién pateado mínimo me comió diez minutos.
Además, ya que estaba, me aseguré que no hubiera personas en grave estado, por esa soberbia del testigo que cree que por haber presenciado un accidente puede convertirse automáticamente en un paramédico y ayudar a las víctimas. Como ya había muchos personajes de ese estilo pululando por allí, asumí que yo no era necesario y me zambullí en la estación. Bajé las escaleras a la carrera y a mitad de camino escuché que tocaban el silbato de largada.
Miré el reloj y constaté que ya no tenía los minutos de ventaja ganados. Aceleré el paso y llegué al andén con el último suspiro. Lejos estaba el vagón puntero, pero al menos logré meterme por la hendija que iba cerrándose maso a la mitad de la formación. Una vez dentro suspiré agotado, y abrí grandes los ojos para ver las caras de otros pasajeros asombrados por mi estupidez. Seguro pensaban que tampoco te vas a matar como un imbécil por cinco minutos que hay entre tren y tren; pero claro, ellos no entendían de mi urgencia por tomar ese tren.
Viajé con el pecho silbando hasta la estación donde ella subía. Tenía la esperanza de que hoy (o siempre), ella subiera a esta altura de vagones. Sospeché que tal vez ése fuera el motivo por el que nunca más la había visto. Lo sumé a mi lista de posibles, entre las que figuraba un cambio de horario o de laburo, una mudanza, el gusto repentino por viajar en bondi, capáz un auto nuevo, o un aumento de sueldo que le había permitido empezar a viajar en charter; y mil cosas más.
Pero no subió. Otra vez no subió.
Diez minutos después bajé en mi estación y caminé el pasillo con paso sostenido hacia fuera, cosa de no flaquear ante la tentación diaria de volverme a casa. A mi lado desfilaba ocioso el tren que iba vaciándose de gentes vacías de ánimo tal cual yo. Los miraba salir amontonados para desembocar en los pasillos de la combinación con la C. Caminé así hasta el vagón conductor, mirando sin mirar. Y por la última puerta sin querer enfoqué y la vi. Como tiene que ser en esta clase de historias.

Lo siguiente fue como en todo cuento, pero sin tanto suspenso. Me temblaba el pecho y el corazón se me agitaba revuelto. El guarda dio la señal de no va más. Reaccioné, sopesé las consecuencias en menos de un segundo, y me abalancé hacia el hueco que por segunda vez se estaba cerrando en mis narices. Metí la pata y frené la puerta, luego la mano, con fuerza abrí la hoja de madera pesada y destartalada; y entré.
Lo primero que hice fue mirar alrededor para confirmar que nuevas caras juzgaban mi actitud. Y después ella, los ojos de ella. Los párpados como apagados que la caracterizaban, los ojos negros que de pronto se encendieron. El lunar pegado a su nariz tan particular y exacta. Volví a recordarla. Borré y redibujé sus rasgos con un lápiz mental, porque los recuerdos generalmente se van amoldando a los anhelos. Y me quedé mirándola más de lo permitido, y ella sin bajar la mirada.
Un minuto inmovilizados por la situación esperada. Nos separaban kilos de oxígeno viciado y un gordo agitado que parecía sacado de una maratón. Dudé en avanzar. Ella parecía pedírmelo, podía escuchar su voz, pero sus hermosos labios no se movían. El pelo medio ondulado y negro resbalaba sobre sus hombros desnudos. No podía atreverme siquiera a mirar más abajo. No podía siquiera reaccionar y quitarle la vista de encima. Me dolía pensar que el solo pestañar cortaría ese instante tan preciado. Parecía una contienda por ver quién sostenía el desafío por más tiempo.
Pero entonces el gordo se removió unos centímetros y su pesada espalda desvaneció la imagen de mi Virna. El lunar pasó a ser un botón, y los ojos una barba negra mal crecida. La boca desapareció detrás de un manchón de transpiración en el pecho del hombretón.
Sentí el tirón de la ausencia, el desgarro de la mística. Boqueé al aire sin pronunciar palabra. Quedé ahí, ausente ante el desprecio inocuo de quienes bajaban del subte.
Pero el gordo no bajó. Y allí se mantuvo quitándome lo que había venido a buscar. Ni oportunidad de correrme hacia un costado para ganar otra vez algo de la imagen de ella. Sólo podía percibir sus piernas frágiles que la indicaban allí detrás, oculta. Ya estaba desviado de mi camino, y no me importaba apostarme un día o semanas por otra chispa de esos ojos negros, de esa nariz con ese lunar, de esa boca con curva en ve superior tan pronunciada que podría ser una be larga.
Quedaban dos estaciones igual, y comencé a buscar mentalmente lugares que me excusaran el cambio de rumbo. Al instante desoí esas estupideces porque nada tendría que poner como excusa si Virna no me conocía ni me preguntaría qué hacía yo allí, porque no tendría idea de quien era ni a dónde trabajaba, ni nada. Yo era un NN con el que había cruzado apenas un vistazo y que seguro ni le había llamado la atención. Me reí por estúpido.
Todo eso y llegamos a la siguiente estación, y el gordo odiado se sacudió como si lo picara una pulga. Una voz que en mi cabeza puse en esos labios que tanto adoraba, dijo permiso. Y vi que Virna emergía detrás de la masa, dispuesta a bajarse. Al pasar me miró y descubrió mis ojos clavados en ella. Giró y siguió su camino, pero antes de hacerlo me dejó una brevísima mancha negra para conmoverme; a propósito, siempre es a propósito esa última milésima de atención que parece un descuido.
Salí detrás de ella.
Fueron dos cuadras en las que me debatí si hablarle, si no, si volvería a verla, si estaba bien seguirla, si debía regresarme sin más. Dos cuadras detrás de sus pasos sigsagueantes que eludían la marea humana de Florida. Me gustaban sus piernas, su cola, su cabello abrazando la espalda. Me encantaba, y me desangraba de solo pensar que en el siguiente paso se metería a su trabajo y chau.
El semáforo rojo la detuvo y quedé a su lado. Volvimos a cruzar las miradas una vez más, y no pude sostener el ímpetu. Desvié la atención por miedo a invadirla todavía más de lo que ya venía haciéndolo. Ella permaneció allí como si nada hubiera pasado. Me odié por no tener argumentos para robarle unas palabras o arrancarle una sonrisa con un piropo inteligente. Nunca fui de esos tipos.
Verde. Adelantó el andar y la acompañé con mi anonimato. Veinte metros más y de pronto la perdí. Intenté ser disimulado al voltearme, pero claramente ella no iba a darse cuenta que yo insistía en verla una foto más.
No había entrado a su oficina aún, aunque tampoco pude descubrir de qué ni dónde trabajaba. Me volteé a verla, con la intención de comprobar que entraba a algún edificio, grabarme la dirección y retornar al subte definitivamente hacia mi trabajo. Pero lejos de pasar eso, ella seguía allí. Abrazaba a un tipo. Besaba a un tipo. Las manos del tipo tomaban su cintura. Los brazos de ella rodeaban el cuello del tipo.
Me hice el desentendido y me acerqué a un kiosco a ojear unas revistas. Virna estaba ahí, a unos 3 metros. Igual ya no quería que me mire. O sí quería, capaz quería que me mire para que supiera que la había seguido para verla, que alguien se había interesado verdaderamente por ella. Tal vez quería que me viera para transmitirle este vacío que ahora me embargaba, esta desazón de la que era presa. De pronto la odiaba por lo que me había hecho, más todavía porque ella no sabía que lo había hecho. Tenía las manos manchadas con mi sangre y no lo sabía.
Juro que deseé tener una granada, y arrojarla contra ese amor que me había pertenecido a cuenta durante algunos meses. Ese amor que había vivido y disfrutado, y perdido, sin que ella siquiera se percatara.
Y ahora el lunar se secaba y caía de su lugar bajo la nariz, resbalando hasta el piso y rodando hasta perderse en la alcantarilla. Y su pelo se secaba y se lo llevaba el viento. Su boca y sus ojos se cerraban, se sellaban. Su nariz tan exacta caía como una uva pasa. Su cuello, sus hombros, su espalda, sus pechos, su cintura, su culo, sus piernas, todo se desarmaba ahora como una hoja de papel quemada hasta el colmo de su fragilidad frente al inclemente paso del inevitable roce con el resto del mundo.
r.canapé
generación cobain-vedder
y vestíamos camperas destruídas por las calles y el viento, y el vino y el polvo derramados sobre el cuero q se curtía marcando a una generación q en lugar de ir a algun lado siempre parecía volver… o ni siquiera…
buscábamos a los gritos, entre gritos q venían del pasado y no nos pertenecían… casi nos despreciaban las puertas y todo era callejones, y vuelcos, y cigarro, y que va… y cayendo a cuenta gotas la música de otros nosotros en otros lados, en la misma dimensión…
y la gente nos miraba de reojo… y la casa tomada nos prestaba a la diva del banco de tarde… ella q lloraba tanto… ella q siempre estoy añorando…
fuimos etiquetados como desechos, como productos maltrechos de sociedades q no podían perdonarse a sí mismas…
las lágrimas de la diva eran mármol, como las tatuadas en nuestra carne por errores q desconocíamos… pero debíamos pagar, debíamos sangre por esos errores q nos habían alimentado…
y nadie explicaba nada… nadie nada…
pero seguìamos ahì, aunque nos negaran las calles del centro, aunque no existièramos para muchos… éramos paisaje, tierra, voz, làgrimas… estábamos destinados a no perecer en la miserable culpa… y de golpe a no aceptar que todo está escrito en hojas tan viejas q el desierto debería devorarlas…
y no aprendimos a disculparnos… aprendimos del deseo, de las ganas, de nuestra propia muerte antes de la existencia…
y asì caminan nuestros dìas, amaneciendo, naciendo contra el miedo que dìa a dìa va perdiendo fuerza… miedo q no nos pertenece porque no es sangre de nuestras copas, es vino de almas de culo asustado pretendiendo adormecernos en nuestras cunas…
pero nacimos, y crecimos, y pensamos, y deseamos… sobre todo deseamos…
(generación vedder-cobain)
clikeá en cualquiera y teletransportate…
talking to my songbird
Si la imagen hubiera tenido el mar de fondo, la brisa matinal despeinándola, unas cortinas blancas de esas livianitas como de tiendas persas o griegas; no sé. Si hubiera estado todo regado de plantas reverdecidas por la primavera en su apogeo, y el canto de los pájaros yendo y viniendo sin agobiar. Y además, si la secuencia hubiese estado teñida de ese brillo nebuloso que les ponen a las fotos de los famosos viejos para que no se les noten las arrugas, y hasta hubiera tenido un epígrafe debajo con alguna frase boluda que pretende ser inteligente. Si todo eso, y hasta un grupete musicalizando el momento; la verdad no sé. Mejor dicho, sí sé.
Digo, si todo eso hubiera estado en ese momento mágico, seguramente se arruinaba algo tan maravilloso, tan que no me olvido más, tan sublime que hasta contarlo de pronto hace que se diluya un poco y hasta me dé miedo compartirlo y que se me lo lleven del alma, me lo quiten, me lo priven incluso de los sueños.
Era de mañana. Por suerte no habíamos encendido el televisor. Teníamos esa tranquilidad de feriado que no te apura, se notaba en nuestros ánimos. Café con leche y tostadas. No hablábamos de nada inteligente, ni de autores, ni de cine.
Todo bien normal, hasta que ocurrió.
Virna eructó.
Eructó y me proyectó el café con leche justo a la cara.
Me eché para atrás. Ella se puso coloradada y empezó a reír. Nunca había eructado delante mío. Me la quedé mirando sorprendido. No lo podía creer.
La observé un rato. Ella no podía parar de reír. Dios, increíble.
Antes que me pidiera perdón se lo dije. Para mí era una revelación. Poray era una estupidez, pero sentí que era la manera de no mostrarme ofendido.
–No lo puedo creer… lo acabo de descubrir… –le dije–. Hay ojos que saben sonreír.
r.canapé


























