¿Tristeza…

No encuentro la forma de transformar esta tristeza en algo lógico, estable, que manifieste de forma sencilla lo que sencillamente siento, y es que es tan simple lo que siento que complicado se hace explicarlo.

Afuera hay gente de duelo por un nuevo cristo, como algunos dieron en llamarlo. Observo a varios dueños de nada, arrojados en las calles, y casi entiendo que nuestra razón sólo despierta cuando una vida se apaga, como si nos pasáramos la eternidad viendo un farol que titila, o que gastado brinda sólo una breve penumbra, sin siquiera inmutarnos hasta que su luz se extingue y ya su ausencia nos molesta. Veo hipocresía tirana en esta irreconciliable relación entre nosotros y el resto.

Me resulta imposible encontrarle hoy un rasgo de alegría al mundo, más convulsionado por su alergia que maravillado por sus proezas.

No sé si mi tristeza pasa por ahí o si llegó con la nostalgia de ver calles atemporales allá en mi ciudad donde ya mis tiempos son de visita médica. Anduve por ella queriendo devorar y saborear cada instante que se esfumaba, pretendiendo llevarme imágenes para no extrañar lo que hoy no sé si extraño mucho. Vi personas que son fotos, o palabras, o secuencias de película. Vi por el rabillo fantasmas sonreírse al pasar a mi lado, y mastiqué ese sabor amargo de no saber si sí… o si no…

Aún persiste ese sabor, tanto como los olores que despiden ciertas personas sólo al verlas, tanto como se escucha alguna música al ver otras; y por acá se sigue deslizando el asfalto bajo mis pies, y Tyler canta a mis oídos un tema de los que le escucharé el domingo, y otros que nunca en mi vida escucharé en vivo. Hace diez días que no paseo por mi casa y extraño un poco ese ambiente a punto de cataclismo en que a veces se convierte.

Buenos Aires se ahoga en su humedad y sonríe carteles políticos nuevos, una hilaridad ferviente y falsa que nos envuelve a diario y que nos deja el ánimo como sólo puede lograrlo la peor mujer (o cualquiera de ellas), cuando dice una cosa, piensa otra, y espera de uno una tercera. No sé si habrá sabio en el mundo que comprenda a una mujer por completo, tanto es así que ellas piensan lo mismo de nosotros.

Leí en un comentario que “Aunque está a tiempo de volver a escuchar los Beatles prefiere delirar por su seguridad. En algún vagón seguro te lo encontrás leyendo Clarín, viaja a capital a trabajar.”, y me conmuevo de pensar cuánto puedo entender de dos frases. Y me vuelve a llamar aquella pregunta, y ese amigo me vuelve a escribir que él es perseguido de igual manera por la incertidumbre; y por esa total desmoralización por saberse único forjador de un destino y no poder animarse a conseguirlo. Me alegro, mientras camino por calles rodeadas de pisos sobre pisos okupados y alquilados, de haber vislumbrado al menos un pedazo del problema porque ya puedo intentar enfrentarlo.

Oigo mil comentarios de gente loca entre los cuerdos, y me asalta desprevenido la vieja cuestión de a qué he venido y a quién mirar para medir mi locura. Oigo daño y mentira, soberbia y descaro, avaricia y patriotismo; y oigo decir a un hombre de cómic que la libertad es lo más valioso, que vale más morir al lado de un hombre libre que morir en reverencia arrodillado. Mastico esto y recuerdo una vez más que no he llamado para pedir un turno al traumatólogo para estudiarme el maldito dolor de rodillas que me acosa.

Ahora me está esperando este cursor titilante en la pantalla, para que defina algo más o me decida a guardar y bloggear. Rebusco entre mis notas mentales y ya sé que perdí muchas de ellas, convencido de que son las mejores y que nunca volverán a aparecerse entre mis intrincadas neuronas. Claudico ante mi inferioridad contra la adversidad de tener frágil memoria, y me quedo pensando, patinando, sobre algo que alertó mis mieditos: me pregunto a veces si podrán Guto y Vargas llegar a contarnos el final que ya me anticiparon. Si tendrán argumentos válidos para eclipsarme por algún tiempo más y la valía yo de poder expresarlo.

Decaigo pronto por mi decadencia, y suspiro perdidas inspiraciones que solo me hacen pedir perdón por este impertinente apocalipsis mental que pudo haberse convertido en un ladrón más de atenciones, que podrían ser más valiosas en actividades productivas, que en el detenerse a tratar de comprender esta acosadora bolsa de palabras que pobremente di a llamar “reflexión”.

Perdón, y gracias.

Nota: esto fue escrito por abril de este año… lo encontré hace unos días para darme cuenta cuánto van cambiando las cosas… siempre…

Ultima mente

Me asaltó así,
tan de golpe como un portazo,
tan portazo como de golpe.
No te esperaba pienso ya mismo…
ay, estoy tan ausente última mente.
Pero bah, va bien esa onda tuya
de decirme acá estoy nunca me he ido…

Deseo escribir una foto
y veo que para otros es tan fácil…
No sé si deseo,
es que por varios días no te esperaba.
Me somete esa desesperación
de rebalsar tu organismo, escupirlo,
Dios, siento que se me escapa de los dedos…

Me asaltó así,
tan enérgico como un llanto sincero,
tan sincero como un llanto enérgico.
No pensé que hoy podía estar tan vivo…
No pensé siquiera últimamente
que tus luces podían estar prendidas,
y yo verlas de entre el olvido…

Ya sé, era cuestión de enfrentarte,
de hacerte el hueco entre mis cuadros
que no corrí para ver el cielo…
Pero ya ves, aunque parezca sencillo,
siempre tiemblo cuando te siento,
siempre exploto cuando apareces.
Siempre me asaltas, desprevenido…

Qué bueno,
al menos es casual y me arrebatas.
Al menos me vienes a buscar,
y por más que ando
y vengo…
paro, descanso,
camino, corro…

vuelvo…

Porqué te amo? (a Marianela)

 

Porque trajiste luz para correr un oscuro velo.

Porque tu energía barrió cualquier recelo…

Porque sonreís a mis miradas

y respondés a ellas con anhelo…

Porque siempre hacés magia

cuando todo parece tan concreto…

Porque tus manos contienen las mías

dándome la seguridad que a veces te presto…

Porque sabés ser ese cuenco

callado y paciente para mis llantos…

Porque le diste y das valor

a todos mis actos…

Porque sabés comprender

hasta mis mayores sinrazones…

Porque endulzás cada instante

como si fuera el último, como si fuera el primero…

Porque hacés que se repita siempre

ese primer beso, el primer cuerpo a cuerpo…

Porque pedís y reclamás

sencillamente el amor que puedo dar…

Porque aceptás mi simpleza

abrazándola con la tuya…

Porque soñás un futuro

enlazado al mío,

sin interferencias

y sin dobles sentidos…

Porque me enseñaste que solo con amar

ya es suficiente;

y que crecer en ese sentimiento

es ilimitado…

Porque me mostrás que la rutina

desaparece directamente en tus brazos…

Porque dibujás conmigo

cada hermoso descubrimiento,

y me compartís tu belleza…

Porque soñás conmigo

y alentás mis luchas…

Porque sueño con vos…

Porque te presentaste ante mí

mucho antes de saberte,

y ya me habías mostrado

que amarte no sería difícil…

Porque transformás en amor

mi manera de amor que puedo ofrecerte,

dejándote en mi cuerpo

vulnerable y frágil,

misteriosa y fuerte…

Te amo porque amor de vos recibo

con todos los nombres que a ello pueda llamarle…

Te amo por muchas cosas

que hoy se me escapan del pensamiento

pero están latentes en cada momento

estando cerca y no estando…

Te amo porque tuvimos la suerte

de encontrarle juntos

el sentido a ese sentimiento…

porqué te amo?

porque a diario me pregunto lo mismo

y todavía puedo responderme…

 

 

fotos por Estudio Artez

 

tener

Tener un balcón en una esquina, con las ventanas abiertas a los vientos. Tener una terraza con barandas de piedra tallada a seis metros de la calle. Tener el viento arrinconado entre el sillón y mis piernas, y dejarlo huir a seguir su viaje; y tener una sábana colgando abrazándolo en despedida. Tener un vaso lleno de cualquier bebida, y música sonando (si puede ser en vivo y con guitarra en mano mejor), en el ambiente. Tener ahorrados muchos minutos para que sobren horas de desvelo. Tener un perro amigo para acariciar y no perder el afecto, para sentirlo dentro continuamente. Tener verde alrededor para no extrañar ese aroma que regala la vida paciente. Tener una mujer hermosa al lado para no perder ese aroma que regala la vida impaciente y demandante; para no perder la generosidad que nos contagian el amor y la felicidad. Tener las luces de una avenida cercana, y sus ruidos. Tener niños en bicicleta saludando su inocencia. Tener el calor barriendo las venas, y el fresco de mil mañanas acariciando el rostro.
Tener un balcón en esta esquina o en aquella, en parque patricios, en cuba, o donde sea. Tener a mis amigos hermanos viajando en bondi hacia mi casa, tener esos minutos de espera acompañado de la esperanza. Tener el pasaje en la mano para llegarnos a dónde nos esperan. Tener las agallas para hacer dedo si la moneda no arrima un pasaje. Tener promesas incumplidas en los puños para saber que la vida me ha dado revancha. Tener hermanos naturales para llorar su sangre cuando su ausencia es larga. Tener hermanos a elección para extrañarlos y perdonarles cualquier falta. Tener estas teclas sucediéndose para permitirme volcar esta inconciencia.
Tener la suerte de ver el agua corriendo desd
e una canilla, por el cordón, o allí en ese río (en abundancia). Tener el anhelo de sentarme a una mesa y brindar con aquellos que nunca más he visto. Tener una charla (que sean miles), con sabios desconocidos. Tener el oído para escuchar un simple LA que estremezca mi alma. Tener los pies libres de cualquier zapato, andando por lares que se amontonen en mi lista. Tener el orgullo de abrazar a alguien en su congoja o en su alegría. Tener una planta, mil plantas, que me aborden con sus necesidades.
Tener la mente tan extraña que se caigan a chorros estas palabras. Tener ojos detrás de un texto que aprecien al menos una línea de mis demandas. Tener una foto clavada a fuego en mi retina, insoportablemente insistente sobre mis recuerdos. Tener una historia para cada delicia compartida. Tener un llanto viejo para cada dolorosa verdad incomprendida. Tener sujetos los botones de mi camisa, y permitirme el hecho de librarlos de su tarea hacia la brisa. Tener medias para despojarme de ellas. Tener la sen
cilla gracia de invitar sin esperar nada a cambio. Tener mucho para poder entregarlo.
Tener la oferta diaria de un rato en compañía. Tener el teléfono de cuantos me han olvidado, y tener la fortuna de aparecérmeles cuando todo acabe. Tener registro de soles amanecidos, de atardeceres caídos, de lunas dormidas. Tener guardados amores lejanos, amores perdidos. Tener presente el amor que cuando no está extraño tanto. Tener poemas caudillos de causas perdidas, y poemas ilógicos de sentimientos contados. Tener cuentos de horas desesperadas, y cuentos de lágrimas imaginadas. Tener novelas de viajes a cualquier lado, y novelas tempranas aguardando su pasaporte.
Tener ojos para verter lágrimas demoradas.
Tener el corazón para palpitar a mil por hora. Tener los pies para caminar donde ellos decidan, y tener camino ofrecido para conocerse. Tener estos dedos que se mueven lentamente pero prometen. Tener alma para disfrutar de cuanto he vivido y seguiré existiendo.
Si hubiera pensado en tener todo esto hace unos 30 años, alguien habría dicho que me trataba de un ambicioso. Hoy que casi puedo sostener la mayoría estas cosas entre mis manos o mis deseos, alguien piensa que me trato de un hippie. Mañana, al ver a mis hijos devorarse los minutos hermosos de esta vida, estaré pensando (como es inevitable), qué hubiese pasado si…?

…y todo eso porque la vida nos sigue viviendo y aguardando.

la parábola del bondi

Mientras el bondi iba a 90 por las intrincadas calles de capital, observé los techos que pasaban raudamente por nuestro costado y pensé que me había embarcado en el bondi de la muerte. El mismo que, lejos de su original idea de frenar en cada parada donde se indicara con un cartel el número 28 y se hallara mínimo una persona con la mano extendida en ese saludo falso que tiene por objeto pararlo y montarse en su carruaje, cual si lo maniobrara el mismo diablo, seleccionaba a sus víctimas sólo si algún semáforo en rojo lo detenía (y digo algún semáforo en rojo, porque hasta este color parecía por momentos ser ignorado por el bondi del infierno).El transporte se precipitaba violentamente entre los huecos ínfimos que dejaban los demás de la misma línea o de otras, gambeteando a los eventuales carros que se deslizaban en la misma dirección o se enfrentaban con él en las intersecciones. Cruzaba casi al ras talones de transeúntes apurados, y peinaba las orejas de aquellos otros que concientemente le cedían el paso.
Surcaba las calles a una velocidad inusitada y pocas veces frenaba para levantar algún pasajero. La cara del chofer era de perro enojado, negando con el dedo (cuando le daba la gana), para entregar una excusa a aquellos pasajeros que afanosamente intentaban detenerlo. En otras ocasiones sólo esquivaba con la sencillez de la indiferencia el latigazo visual que le disparaban acompañado alguno de insultos variados; apretando el acelerador como un niño que por primera vez maneja algo con motor y apunta a precipitarse ante la reprobación de su madre.
Por mi parte comencé a tener sentimientos encontrados respecto de esta atípica situación. Había emprendido este viaje casi de casualidad cuando, un par de pasajeros y yo, logramos subir a este bondi que venía a toda marcha y claramente habrá tenido que frenar por alguna fuerza externa a nuestra voluntad. Aquel día, por fortuna, por lo menos este desaforado trabajador había decidido tomar nuestra ruta; como muchas veces no hacen a la hora pico vaya uno a saber por qué causa. Habíamos subido como si todo estuviera normal, es más, yo había optado por sentarme en el único asiento vacío que se trataba nada más y nada menos que el primero de todos. La experiencia indica que sentarse allí será un beneficio de unos pocos minutos ya que (cual ley de murphy) siempre aparece una embarazada, un anciano, una persona con movilidad reducida, o alguien más necesitado de viajar sentado que uno que a la simple apariencia desborda juventud y no precisa de mayor esfuerzo para viajar parado. De todas formas acepté el riesgo, a sabiendas de mi breve estadía allí.
Pero por designios del destino, tal elección terminó siendo para mí de una forma algo revelador. Pude contemplar esta secuencia de alrededor de 30 minutos (habitualmente el viaje demora entre 50 minutos y una hora diez), desde la primera fila; casi un cómplice de nuestro raro anfitrión. Tenía la pantalla grande delante de mí, y semejante espectáculo borró casi de inmediato cualquier cansancio que llevara conmigo. Pronto me di cuenta de cuál sería nuestra suerte, pues ya cruzando la plaza de mayo y abordando la siguiente parada observé que nuestro medio no se frenaba delante de la multitudinaria parada, sino que lo hacía más adelante con la intención de evitarlos. Frenó por obligación, eso debo aclararlo, para cruzar unas palabras con el control callejero (el chancho). Alguien se cruzó enfrente del bondi del infierno y cuando intentaba asirse de la posta, que ya estaba en movimiento, le fue cerrada de plano la puerta en la cara. La primer muestra agresiva que aprecié aquella tarde.
Puedo mencionar cada parada donde no nos detuvimos, y mencionar cada parada donde evitamos a la turba sembrando algunos metros de distancia. Podría con un poco de esfuerzo hasta retratar a los pocos que se sumaron a esta travesía alocada por cruzar buenos aires en apenas media hora, en hora pico de un día laboral. Y lamento darme cuenta en este instante de que estoy hablando en primera persona del plural cual si yo mismo hubiese conducido a este apóstol del infierno hacia la perdición. Puedo mencionar hasta los semáforos en rojo que nos saltamos, y los que hicieron su mejor esfuerzo por frenarnos. Puedo entregarles muchos más detalles del viaje que los necesarios, pero sólo voy a remitirme a contar lo que sucedía en mi interior.
Viajé esos escasos minutos sumido en el extraño clima con que envuelven los discos de radiohead, en esta oportunidad hail to the thief; agregando esto a todo lo contado; iba inmerso en un clima extraño y contemplando una situación que sorprendía a los nervios. Me alegraba por dentro porque deseaba llegar cuanto antes a mi casa, como suele sucederle a la mayoría de la gente cuando viaja luego de una jornada de trabajo; pero a la vez me sentía un poco asustado por la delgada línea que nos encontrábamos transitando. Casi estábamos al borde de cualquier choque, y recuerdo que en más de una oportunidad también lo estuvimos de atropellar a alguien y deshacerle la vida. Claramente, si se trataba del bondi del infierno o de la muerte, esto último no le afectaría a quien llevaba manos a la macabra obra. Mis dudas respecto de la naturaleza del chofer se acrecentaban cada vez más, pero me sentía a la vez atrapado por la vivencia; atrapado, hipnotizado por lo extraño del acontecimiento que nunca llegaba a definirse pero que latía ahí muy cerca de salir a flote.
Quiero decir también que mal que me pese, también disfrutaba al ver que nuestro “amigo” se salteaba las paradas sin importarle cualquier súplica. Me alegraba ver que pisaba el acelerador y continuaba su camino, mi camino, hacia su destino, el cual contenía la parada de mi casa. Pero como existe el lado bueno también está el malo, y mis sentimientos comenzaron a discutir prioridades o moralidades cuando me percaté de que en nuestro raudo emprendimiento dejábamos gente sin amparo. Faltos de misericordia atravesamos la ciudad dejándolos mascullando bronca por no ser parte de la travesía. Claramente ellos no conocían el dramatismo que se vivía sobre el transporte, pero sí conocían su situación de espera que seguiría extendiéndose, sin recibir a cambio mayores excusas que un no indicado con la mano, que bien se podía interpretar como un “no te quiero llevar” ya que todos aquellos despojados deban cuenta de que en efecto había pasajeros dentro del habitáculo.
Recordé que hube de estar muchas veces en la situación aquella de esperar en alguna parada, ver a lo lejos el número que quiero, y verlo pasar de largo lleno de gente o con gente muy poca. Eso me acongojó hasta el punto de p
ensar en decirle algo al enviado del diablo, pero me acobardaron mi insignificancia y su postura de guerrero sobre el volante. Lamenté, entonces, no haber equivocado el bondi, o no haber olvidado algo que me demorara en la oficina; pues si bien llegaría más temprano de lo usual a casa, sería a costa de los restantes que quedarían en el camino, quizás hasta maldiciéndonos a los privilegiados que sentados los mirábamos con cara de nada. Me odié por la alegría que sentía al verlos aparecer de frente y desaparecer limpiamente por el costado sin muchos segundos de diferencia. Me sentí molesto conmigo mismo por no actuar y decirle su merecido al hombre malo, sufriendo a cada mirada que resbalaba por mi rabillo y quedaba detrás de nuestra estela; aunque gomozamente persistían un instante en mi remordida conciencia. Me alegré mucho de mi fortuna cuando llegué a casa, besé a mi novia, le conté porqué había llegado tan rápido, y me olvidé de lo sucedido; como cualquier
día normal más.

Hoy que me detengo en este suceso, siento que debo velar también por el demonio al volante. Considero que aquél hombre, que aún estaba trabajando cuando nosotros ya no, probablemente estaba en tal veloz empresa por los designios de algún superior, abordando la situación con indiferencia ya que no podía hacer nada para cambiarla. Incluso pienso que tal vez aquél pobre hombre al que pocos le dicen buen día o buenas tardes, también se manejó con miedo en esos momentos; sufriendo por no poder detenerse, y por ser la herramienta de un latente accidente. Hoy, considerándolo, también me pongo en su lugar y pienso en que nadie se había percatado de su presencia hasta ese día; y que a partir de allí quizás muchos recuerden su cara sólo para maldecirla por abandonarlos a su suerte cuando simplemente podía cumplir con su trabajo (aunque en realidad lo estuviese haciendo), sin comprenderlo o ponerse en su lugar.

Moraleja (creo que todas las parábolas tienen moraleja):
Cuando se está abajo se critica a los de arriba. Cuando se está arriba se alegra uno de estarlo y, por más que se lamente, disfruta del privilegio y no hace nada por los de abajo; incluso apelando a la simple cobardía del “ojalá no hubiese estado aquí”. Pero, independientemente del lugar que ocupemos dentro del chiste, estemos en el lado que estemos, siempre responsabilizamos a quien maneja el carro.

héroes del silencio – la chispa adecuada

las palabras fueron avispas
y las calles como dunas
cuando aún te espero llegar
de un momento a otro

en un ataúd guardo tu tacto una corona
y el pelo enmarañado
queriendo encontrar
un arco iris infinito

no sé distinguir
entre besos y raíces
no sé distinguir
lo complicado de lo simple

mis manos que aún son de hueso
y tu vientre sabe a pan
la catedral que es tu cuerpo
no será del enemigo

eras verano y mil tormentas,
y yo el león que sonríe a las paredes
que he vuelto a pintar
del mismo color

no sé distinguir
entre besos y raíces
no sé distinguir
lo complicado de lo simple
y ahora estás en mi lista
de promesas a olvidar
todo arde si le aplicas
la chispa adecuada

la chispa adecuada
la chispa adecuada
la chispa adecuada
la chispa adecuada

«escribe con carbón
y en mi pensamiento,
que cruzamos océanos de tiempo
dibujando los garabatos
de mis fantasías
poco es tanto
cuando poco necesitas»

el fuego que era a veces propio
la ceniza siempre ajena
blanca esperma resbalando
por la espina dorsal
ya somos más viejos y sinceros,
qué más da
si miramos la «laguna»
como llaman a la eternidad
de la ausencia

no sé distinguir
entre besos y raíces
no sé distinguir
lo complicado de lo simple

y ahora estás en mi lista
de promesas a olvidar
todo arde si le aplicas
la chispa adecuada

la chispa adecuada
todo arde … todo arde …
si le aplicas … si le aplicas …
la chispa adecuada.

Canción: La chispa Adecuada
Compositor: Heroes del Silencio
Disco: Avalancha

buena vibra

hasta hace poco la veía de lejos… incluso este día en que ella se dejaba hacer cosquillas para entonarse melódicamente y despedir al sol en una de sus maravillosas tardes…
al fin la encontré y espero no defraudarla con mis desaciertos, mi ignorancia, y mis desplantes (que son muchos)…
tan sencillo es este pedazo de madera con seis cuerdas atravesadas, y tan grandioso el poder que tiene… la música se siente complacida de dejarse hacer por ella…

gracias jaque.reina por compratir sú música y enseñarme que se puede vivir con un instrumento en las manos y no necesitar nada más…

gusti de jaque buscando la magia dentro de una maravillosa guitarra.
foto por quito. alguna tarde de enero de 2007, en arrecifes.

the unfinished ta’luego

me sacaron a las trompadas
cuando tenía ya cayéndose tu recuerdo…
sabía que otra vez lo perdería,
pero así? sin disfrutarlo…?
sin saborearlo…?

a veces pienso que no es justo,
pero todo debería reducirse a esto,
a volverme un ratito donde lejos
y pronto olvidarme del viaje…
y mirar cómplice al sol,
mostrándole mi tono tostado…

no sé vos…
qué digo?
nunca supe vos… (o fue por poco tiempo)
pero quiero creer que estás masticando lo mismo…
porque a veces la cabeza rueda
donde estén sus manjares,
casi al mismo tiempo por los mismos lares.

siempre fuiste,
(para vos siempre fue), menos tarde…
pero no por eso te fue siempre más temprano…
primero vos, y después siempre yo
tratando de que esto se termine…
pero parece que no querés
y yo, después de todo, hasta te lo estoy agradeciendo…

sta night… (in mi way of locos)

guachoski bro,

bilis sujeta a night & day,

sueño con brotar ojeras

igual que un pullover rojo;

please camina de vuelta

por the ocean sobre piedras.

tal cual…

the water is empty,

like tu sonrisa hoy.

tal cual… sujeta a night & day,

chuleta de carne gay,

peace and words para ti,

para mi, para my bro.

tal cual…

happy day in your face,

como los anillos que lucía lucia

el día de su cumpleaños.

qué bardo bro, que brado…

invisible

Cómo entender las circunstancias?
Cómo huir sin conocer el destino?
…sin saber de qué se huye…
Cómo decir lo que se desconoce?
Cómo reprochar lo que no ofende?
Cómo saltar al vacío
si se está parado en la nada?
Cómo correr desamparado
sin ser perseguido?
Cómo olvidar los recuerdos
que nunca se tuvieron?
Cómo recordar aquello que nunca olvidamos?
Se trata de un recuerdo o de constantes anhelos?
De simples imágenes perseverantes?
…deseos?
Cómo creer que se trata de un sueño
si tanto me ha entregado?
Cómo pretender una sola realidad?
…si las otras condicionan el humor de ésta…
…si su ausencia desespera
en cada hora invisible…

Cómo pensar que lo que hay en mi cabeza
me corresponde sólo a mí?
…si algo está pasando todos los días
(ahí dentro)
…y apenas de un poco me entero…

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