en el horizonte

En medio de nubes extrañas,
de tiempos estirados,
caras casi tan largas,
y sed insaciada.
El calor brutal
ahorrándose en mi piel…
y ese interminable tiempo estirado;
agota mi sensatez.
Hurgué entre ellos
y un breve hedor me despertó
alentando un estallido
prometedor e inminente…,
ya lo sé, lo sabes,
es un borde en equilibrio
a punto de romper.
Siento que late
como esa primera gota expectante;
quiere dar su show…
muere de nervios…
arde.

eufemistic gastromero rúmulosk

La sensación de estar bien, la de estar mal
El peso del tren sobre las vías
Blandiendo a su paso cada muerto riel
Los colchones arrimados

En un paisaje desconocido
La brújula que pocas veces esboza el destino
El olor que ya no entra, más bien sale
Las velas mudas esperando una celebración
Las lágrimas llenando poros rebalsados
La ropa reunida gritando el desorden
La escena repetida y la penumbra buscona
La música muda esperando su turno
Basura volviendo a ser especial
El sabor desdentado, ni azúcar ni sal
Diciendo por lo bajo qué ruido hay allá
Humedad que me has dado el peso liviano
Un grillo aullando que aquí no se va
Por dentro no se está ventilando
La sombría y odiosa conciencia del hoy
Quien asume culpa y cargo
De futuros soy quien soy

michael ende – el espejo en el espejo

Y el chico, encerrado todavía en la mirada del hombre como en una trampa, oye cómo la voz de éste dice:
– Hubiese seguido buscando hasta el final de mi vida. Y hubiese muerto feliz sin dudar nunca de que en alguna parte existe un lugar donde todo es hermoso y perfecto. Y habría aprobado que nadie lo pudiese encontrar.
La voz de la consoladora es suave como la mordedura de una sanguijuela.
– ¿Por qué lo buscabas entonces?
Como si éste hubiese preguntado, el hombre contesta al chico:
– Era la nostalgia, y era tan grande que no tuve otra elección. No me importaba entrar en él. Sólo quería echar una mirada a la belleza perfecta. La certeza de que existía me hubiese bastado para toda la eternidad.
– Pero por fin has encontrado el paraíso -susurra la puta y sigue hurgando en su pelo-. Te han dejado entrar, ¿verdad?
El hombre se levanta tan bruscamente que la mujer retrocede asustada, pero su voz sigue siendo aún fría e indiferente.
– En medio del espacio -dice dirigiéndose hacia la gran mirada del niño- existe un muro anular de gravedad impenetrable. Sobre la puerta están grabadas las palabras Jardín del Edén. Toqué los barrotes del portón cerrado y se deshicieron bajo mis manos convirtiéndose en herrumbre y putrefacción. Atravesé la puerta y vi ante mí un paisaje interminable de ceniza y escoria y en el centro un gigantesco árbol petrificado que clavaba sus ramas en el cielo negro. Y mientras seguía allí mirando se movió algo junto a mí, y de un agujero negro del suelo salió un ser como una araña gigante. Sólo pude distinguir que estaba espantosamente reseco y viejo y que arratraba detrás de sí unas alas gigantescas. Y aquel ser avanzaba gritando sin cesar: ¡Volved! ¡Volved, humanos! Y se arrancaba puñados de plumas y me las arrojaba. Yo retrocedí, entonces empezó a gritar y reír y siguió gritando: ¡Si ya no queda nadie excepto yo! ¡Estoy solo, solo, solo! Entonces huí, no sé cómo ni a dónde, si fue sólo una hora o mil años.
El hombre se queda sentado sin moverse, con las piernas estiradas y todavía con la misma sonrisa maligna en su cara, pero ahora mira ante sí al suelo y libera al chico de su mirada. Y de nuevo se produce un silencio, tan definitivo como si hubiese desaparecido todo el sonido del mundo. Pero entonces, cuando el muchacho cree que ya no puede respirar, la consoladora dice:
– ¡Ven! Puedo hacer que olvides tu añoranza para siempre. Entonces dejarás de sufrir.
El hombre se pone de pie, ella le coge de la mano y se dirige con él hacia la puerta. En ese momento el chico se suelta del genio y se interpone en su camino.
– ¡No puedes hacer eso! -exclama furioso-. No puedes olvidar tu añoranza. ¡Ella te lo arrebata todo! Te arrebata de ti a ti mismo.
De pronto el niño siente la dura mano del hombre en su mejilla y se tambalea hacia atrás. El hombre le ha pegado.
– Déjale -dice la mujer gris-, el niño no sabe. Todavía no.
Y tira del hombre hacia la casa.
– No debe olvidarlo -balbucea el chico-, si no se habrá perdido el paraíso para siempre… -y por fin terminan por saltársele las lágrimas.
El barrendero parece haber encontrado algo en el arroyo. Es un aro de oro, grande como una corona. Lo recoge y mientras lo gira entre sus manos dice:
– Sí, pequeño, es tu primera lección. Y todo lo malo empieza con el olvido de una añoranza.
– Pero ¿por qué me ha pegado?
El viejo no contesta. Gira y gira el aro.
– ¡Eh, barrendero! -grita una de las mujeres grises-, ¿qué tienes ahí?
– Parece una corona -murmura el viejo-. Algún pobre diablo la habrá perdido o tirado. Aquí todos se vuelven irreconocibles.
La mujer extiende la mano, pero sin acercarse.
– ¡Dámela! ¡Dámela! -suplica.
El viejo sacude la cabeza.
– No puedo hacerlo. Y tú lo sabes de sobra.
– ¿Y tú? ¿Qué harás con ella?
– Creo que se la llevaré a mi mujer.
– ¡Vaya! ¿Hasta tú tienes una mujer? ¡Qué cosas! ¿Es bonita?
Las otras mujeres sofocan unas risitas, suenan como silbidos de ratas. El viejo gris se deja impresionar.
– Con la corona sí, creo -dice con voz ronca.

michael ende. el espejo en el espejo.

Fiebre

Suerte de hematoma,
hemorragia interna
abrazando mi estómago,
herradura en mi cuello,
errando mis suertes,
errático estado moral,
en un ático lleno
de modorras herrumbradas
y errores no forzados,
una fuerza extensiva,
masiva marea arrollándome,
casi hasta el mareo,
brillándome,
liberándome,
a veces, a veces…
de este encierro.

only one yo?

Tal cual lo imaginado y tan distinto a lo pensado. Cómo es que me encuentro aquí? puedo pensar, pero claramente todo se reduce a los impulsos que permiten que algunas cosas sean sencillas y a la vez frescas y sorprendentes.
¿Podría ser que exista en este momento el otro yo que está recostandose sobre la misma cama de todos los días, aguardando una nueva jornada laboral, soñando con hacer lo que este yo estoy haciendo?
Podría ser que hoy ese otro se haya tomado un descanso y haya aprovechado algún pedazo de sus sueños para evadirse y drenarse unos días.
¿Podrá suceder que logre unir mis yos hasta encontrar ese equilibrio entre seguridad y libertad?
Dormiré con las estrellas en un márgen, esta vez mostrándose casi en mí, y soñaré (maldita condena), con que no estoy aquí sino allí, aguardando el despertar de una alarma que marcará el inicio de otra incesante rutina odiada.
(pensalo).11112006 rumbo a chile.
foto por Faku

Aspero

es áspero el pasar del tiempo
y tan burdo el sentido que le regalamos…
yo escucho los minutos pasar, derramarse frente amí
y callo siendo cómplice de eso que me quejo…
la música suena y me pide que baile, que la busque,
me pide que vaya hacia ella e ignore
toda esta extraña fortaleza que me he ganado…
y si de verdad lo considero, quizá no espero,
quizá haya decidido unirme a este ejército
donde la verdad más cruda se encuentra lejos…
donde sólo hay promesas en fotos
diciéndome que esa pequeña y lejana puerta es mía.

cada quien es su camino, de piedras y precipicios.
y me exijo descubrir la soñadora existencia
cada día que recuerdo que había verde,
que había esencia…
mi olor se está estacionando, y me pregunto,
cuánto más presionaré a mis músculos
y mantendré esta firmeza surrealista
que solo me llena de imágenes inventadas?

hoy vi mi espejo y caí en la cuenta
de que extraño verlo…
y lo dejo, ahí escondido,
por puro perdido…
preferiría haberlo cambiado
por algo mejor
que este desierto de minutos como arena,
calcinados, sin vida… y amontonados sin sentido…
que solo me alertan que se han ido perdiendo
y yo nunca los fui encontrando…

Digo

Abrir los ojos bajo el agua, sucia esfera chillona…
Dices que el sol dejará de jugar a la luna
y así la fuerza romperá vibrante tus tímpanos…
Yo muero aún hoy, y cada vez más despierto…
ah, sí, eso es cierto, adentro está como un secuestro…
Dónde caerá tu insolencia hoy, más roída, más jovial ayer…
Doy, uno, dos, tres, cuatro pasos… doy cinco y me caigo…
Y no puedes explicarme porqué la lluvia cae pero no se levanta…

Y estimo que el tiempo dilatará el hambre… se dilatará a sí mismo…
como gotas de rocío ahorrándose ante el sol…
Pues las ganas lloran mortajas… ajenas como mucho del dolor…
y si adviertes que la luna se ríe… verás que sus dientes brillan…
Cuando algo del todo quiebra en ruina… algo nace del olor
Miran aquellos para su derecha… sin soñar siquiera…
Hablan de que escuchan cuentos… y burlan sin miedo la pancarta…
que avisa a las gentes de hadas… “Sin saber, embroncas tus hablas…
sin saber… qué sucedió… te irás”

Yo digo que digo tanto…
la, la, la, digo cuanto alcanzo…
…a comprender

nostalgy

Viste que a veces sucede que uno se levanta y la nostalgia se salió un poquito del cajón donde permanece guardada? Parece que los sueños deciden desviarse un poco en el tiempo y buscar, entre humildes recuerdos que han sabido guardarse casi en el olvido, secuencias o personas que alguna vez fueron nosotros. Así aparecen mezcladas entre imágenes, quizás actuales o quizás jugarretas de un futuro incierto, sencillas pretensiones de nuestro corazón alertándonos que hemos vivido, aunque parezca poco, lo suficiente como para llenar un día, un mes, años, de esa bola nerviosa que pide llanto y risas, pide que miremos a ningún lado porque no hay nada que ver sino mas bien sentir y oler fotos del pasado.
Mirar perdidamente y sonreírse largamente, fumar meditabundos lo que haya a mano, y absorber todas esas cosas que vibran en el aire a nuestro alrededor. El llanto amaga aparecer y sin embargo nos deja con esas raras ganas porque él sabe aparecer, pero sabe hacerlo poco, porque como lo bueno él también se hace extrañar. Parece mentira decir que lo que fue nos hace vivir, respirar profundamente para desempolvar aquello que está escondido sólo para éstas ocasiones.
Se arriman calles, bancos, miradas, música, olores; una ola sorprendente que llena nuestro ser de viejas sedes. Veo mis pies caminar por lugares añejos y mis palabras perderse en inaudibles charlas. Veo la calle y las personas pasar, y me veo desde lejos como si en verdad me tratara de mi yo de antes viéndome en una bola de cristal que cuenta el futuro.
Es tan raro todo que se hace difícil de explicar, y hasta deseo que todos perdamos algo para que aprendamos a extrañarlo y anhelarlo. Me es difícil transmitir algo que me hace tan bien y a la vez también me lastima, porque uno sabe que muchas cosas irrepetibles saludan desde su ayer y sabe que no pueden prometernos más que estos minutos de frágil nostalgia.
Me encanta escribirle a mis fracasos y a mis caminos caminados, a mis glorias ausentes que tanto me han regalado, a mis presentes multiplicados por cada minuto que me dio la vida. Amaría muchas veces, una vez por cada sueño nacido, y aún así la nostalgia seguiría arrollándome haciéndose dueña de lo que le pertenece… pero ofreciéndose cada vez con esa generosidad tan única, tan de ella.
Y ahora me explico porqué hay gente que sabe arrancarle a un piano o alguna guitarra las cosas que a mi me han marcado. Pienso, y a diario me convenzo, que equivocarse estira la existencia, suma un día, un minuto, algo, al pasatiempo que llamamos vida. Siento los errores como cicatrices que llaman latentes, que avisan que algo allí pasó, como aquellas heridas que cada dos por tres lamemos y nos convidan ese agrio pero dichoso sabor de las lágrimas.
Siento tanto en este momento que hago esto de escribir, al menos para mí, para contarme que hoy me sentí vivo. Tan vivo que hasta podría volar si me lo propusiese. Y lo haría por aquellos que están a mi lado hoy, y por aquél que fui (cuando me prometía seguirme fiel a un destino que aún está lejano), y por aquellos que me lloraron, me amaron, aquellos a quienes amé y no han desaparecido de mi corazón, por aquellos que al nacer se dijeron que algún día nos íbamos a encontrar, por las mil millón de imágenes que me abordan y las mil canciones que me estremecen, por los minutos que no recuerdo y las horas que se oxidaron, por las promesas no cumplidas que me hacen renovar el compromiso, y por las pocas que he cumplido… por quienes algunas vez se me unieron en un sincero abrazo. Siento un grito voraz en mi interior que busca romper esta creciente bola nerviosa que crece y crece y crece, y nunca dejará de alimentarse.
Quisiera poder volver a ver tantas noches y a tanta gente, repetir mis pasos a los que llamo felicidad y que afortunadamente me siguen precediendo, esperando expectantes ahí delante, detrás de una esquina, sobre alguna montaña, o simplemente estáticos al pie de alguna silla entre muchas otras ocupadas o quizá solas. Supongo que para eso sirve muchas veces la soledad… para encontrarse con caras y voces perdidas, con sueños y caricias del pasado.
Y acabo de prender una vela para pedirle a este camino que nunca se termine.

Vomité hace unos días un poema:
Porqué me conmueve la nostalgia?
La tristeza de haber amado?
La música que despierta mis recuerdos?
Las imágenes del sol en despedida?
Que alguien grite todo lo que perdió?
Que la soledad me roce y vuelva?
Que las dudas sean tantas y tan poco el tiempo para las respuestas?
Viajar para volver?
Que todo sea tan rápido y nunca se repita?
Contar sobre la tierra que he comido?
El olor, el color, la vista del mundo?
Las luces entre la noche?
Que esta lista sea tan larga que no alcanzarían las palabras?
Porqué? Porqué me conmueve preguntarme tantas cosas?

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