pero el bondi a esa hora

me hizo acordar
a los ruidos de parque patricios
cuando amanecian
de a uno
como el repiqueteo de un cortafierros
machacando desubicado en domingo a la mañana
los ruidos que se colaban entre árboles
inundando el sopor del rocío
el bondi de madrugada
de lugano a parque
no era lo mismo que el de dos horas más tarde
porque el sol entraba con rayos definidos
espadas reventándome la cara hinchada
el culo caliente contra el cuero
las agarraderas pegajosas
tan pega que pega
que te imaginás a todos los que pasaron por ahí
grasa de las capitales
olor a laburo a humo
a bolsones de ropa del 101
el modo tristeza hasta el cementerio

pero el bondi a esa hora
enculado de sueño
arrastra un eco
termina de aplastar a la noche
la nostalgia del silencio
hasta el vapor
de algún lavadero
hace ruido a esa hora
y el bondi a esa hora
con los primeros mortales
nacidos a empujar
a encender la máquina
metidos en una bala de metacristal
que abre juego
desgarra la quietud
respirando un aire afilado
que apenas remolinea
los techos de autos que brillan
los rieles del premetro son pista de aterrizaje
un borracho campea en la vereda

todavía el vino de anoche
disparando sus mansas polaroids
que éramos tan lindos
paseando entre montañas de basura
y la fuente escondida encarcelada
cruzar apurado y descubrir revuelo
en el churruca
ahhhh por esa época
todavía aceptaba la corbata al cuello
con el cabeza acordábamos
quién se ocupaba del fernet
y a paula le pintaba
limpiar el living con hidrolavadora
el baño chico tapado de mierda
los de teatro con javi
bajate en saenz y del tigre
alguien que vaya a buscar a nadia
jose otra vez se está bañando
la flaca hizo pollo a la crema
ordenó la ciberpieza
no se puede creer
el olor a cigarro que había
whisky a las 9 post quitote
la josé c paz llena de globos
el club de las domingueras
el zorzal que cantaba cuando flasheaba
teléfonos que suenan a las 5 de la mañana
pateando todos los castillos
el paredón del pena
más largo que este poema

 

quitofest 016 (1)

Gugaur sinb

*cnsdupsos

Algo me dijo que tenías un nombre,chiocca 002
que eras diferente,
que amanecías a deshoras, casi antes que el mundo.
Esa voz no sé
si me hizo bien,
si fue piadosa, si quiso
deshacerme
para atomizarme
y que luego levante la cabeza.

Ver que la hierba huele distinto,
recordar un atardecer,
extrañarte…
Todas cosas que sin nombre no podía
explicármelas ni resguardarlas.
No sé si esa vos me hizo bien,chiocca 007
me hizo único, eso sé,
pero ¿estoy bien?
Todo lo de atrás se ha oxidado,
como una fe,
y ahora que busco escucharte de nuevo
empiezo a desconocer
el idioma en que ojalá
estés intentando comunicarte

 

 

*pófkofs

Hoy junté mis manos.
¿Parece mentira no?
Pero fijate, con los dedos…chiocca 008
tenemos algo más que alas…
Ya veo que no te entusiasma
esto de andar explorando
pero ¿qué relieve tendría el mundo
si miramos todos para un mismo lado?
Ya sé, corro peligro,
pero al menos teniéndote de testigo
habremos servido para algo…

¿Servirle a quién?
a quien vos quieras
a alguien que no seas vos,
y así aprendas
a romper el cascarón.
Que nos juntemos en una marea
que sople y haga olas.chiocca 003

Me contradigo, si:
Te pido que seas individuo
de cambio
para mover el colectivo.
Somos contradicción,
pájaros que no vuelan
pero compiten por sus alas.
Renegamos de cada paso,
miramos el viejo camino con aprecio.
Extrañamos el pasado,
vuelto una nube naif.
Cada paso dado,
por más que errado
ya no da miedo…
si es pintura que se está secando.chiocca 001

Nos encantaría ser así de inocentes
pero cuidándonos de lo que viene.
Parecemos no querer ver
que la inocencia es
la más pura de las osadías.

 

 

*popaofaminc

De todos modos así debe de funcionar
montando barricadas
contra nuestros deseos
Volverlos anheloschiocca 006
Sentarnos a ver
quién se atreve a luchar por ellos

Cuando estemos del otro lado
el deseo será
levantar barricadas

el uno descubrió a otro uno/
/el dos descubrió el placer,
la posesión,
la prohibición
/entonces, el deseo
/el uno se descubrió a sí mismo
y se protegió
se tapó las armas del deseo,
descubrió mostrar el erotismochiocca 005
/el hombre ahora se siente atado,
encerrado en cárceles de tela,
de ladrillos,
cárceles de papel y palabras,
de dogmas y mandatos
/y nombra su anhelo, libertad

Como si uno no fuera su mayor verdugo:
la libertad empezó a morir
el día que alguien le puso un nombre/

* Estos textos están inspirados en pinturas de Sergio Chiocca-Kaufer (imágenes). La muestra de la serie “Azul Antropopájaros” se encuentra actualmente en Mendel Libros, Paraguay 5163, CABA.

rectas que no son curvas

 

Tus curvas no son rectas,
rectas son las líneas que se forman entre tus ojos
y los míos cuando se cruzan
y se persiguen sin piedad
en una dirección inamovible,
inquebrantable, recíproca
cargada de palabras
tan difíciles de traducirlas por la RAE…
Flechas certeras, sea el veneno que tengan
O puedo desangrarme, o alimentarme
Siempre tan el centro, geométricamente perfectas

No existe la mirada por elevación
ni la comba visual
Te miro y me mirás
el estallido viene y va,
viene y va,
y no sé dónde empieza ni dónde termina,
como el engaño de un rayo
con ceguera espontánea que fulmina
El abismo insondable del vacío lleno
perfecto agujero negro,
exacto ejemplo de universo en un punto
hecho imán de líneas rectas huérfanas

Te miro contra tu mirada
Siempre uno a uno, la batalla más pareja,
no puedo decirnos que hay desventaja
Miremos, hablemos con líneas rectas
Fundemos autopistas
Si te cruzo a través del espejo,
¿será el mensaje tan recto?
Sería como una foto multiplicando tu mirada

Si te veo a lo lejos,
¿estoy doblando con la tierra?
No lo creo
No hay gravedad posible
capaz de doblegar la lanza
que me clavás tan directo

 

la arena que somos en el tiempo

 

Cuando los muertos se vuelven mayoría
la multitud está del otro lado…
Lo que sentís es
que se llevaron con ellos el miedo
Hasta podés oírlos
llamarte
Como despertar y notar
que la fiesta terminó
mientras dormías

¿A qué podés temerle
cuando el camino lo han allanado
tantas personas de confianza?
Tantas personas
que te pasás los días extrañando

 

 

lágrimas

El auto cortaba la oscuridad deslumbrando la ruta desierta y él sentía que era algo casi místico, como atravesar el cielo. Por primera vez sentía que Dios, su amado señor, lo había invitado a contemplar un poco de la verdadera magnificencia. Parecía sobrenatural. Estuvo a punto de hablar, de emitir un sonido que cortara el trance que provocaba la marcha continua del motor, pero supuso que tanta belleza podría ser un sueño y hablar rompería el halo místico. Esperó, disfrutó un rato más del espectáculo, que había empezado con el sol amurallándose detrás de la cordillera, chorreando colores como pinceladas sobradas de óleo. No supo precisar qué le había conmovido más, si la obra luminosa del atardecer o esta noche de estrellas que parecían querer saltarle a la cara como fuegos vivos.

El remisero se acomodó en la butaca y cabeceó para verle la cara. La única luz artificial era la que daban los faros del vehículo sobre el asfalto y algo en abanico sobre la banquina, lo demás estaba bañado por el fulgor de la luna llena. Acabamos de pasar el quinto refugio para montañistas, ya estamos llegando al puesto de Gendarmería, nada mal ¿eh? Realmente maravilloso, contestó, seguro de no estar exagerando. El remisero aflojó los hombros con aprobación, y aflojó también la pregunta que llevaba aguantando desde que había levantado al extraño hombre en el hotel Del Valle. Viene usted por el temita de la virgen, ¿no?

Al representante del Vaticano la pregunta le cayó como una patada, porque aparecía cuando era rehén de un auto a cien kilómetros por hora y en medio del desierto. Le molestaba que aún vestido de civil el chofer supiera de antemano que alguien con su embestidura iba a llegar para estudiar el “temita” de la virgen. Eso demostraba que todo lo que antes le había dicho tenía como fin llegar a esta pregunta una vez macerada la confianza entre ellos. Se odió por la inocencia, por haber soportado la charla trivial, los comentarios en el filo calculados al milímetro para no quedar en evidencia.

En efecto, contestó. Y miró la vasta llanura buscando una vicuña, un burro, algo que le evitara tener que dar detalles o empezar a contar historias. No tenía ganas de darle explicaciones sobre cómo había matado la fe de esa gente de Rancagua con sólo correr una cortina, o de los pueblitos de Iruya y Alto Calilehua que caminaban días y días por la yunga para ver un árbol con las señales de San Benito.

Notó que el hombre tomaba aire para arremeter, para no darse por vencido tan fácilmente, y contraatacó con un tono curioso. ¿Cuántos refugios habrá hasta Chile? ¿Suele dejar provisiones la gente allí?

El conductor sacudió la cabeza y desistió, suspendiendo para más adelante lo que le importaba, tal vez para mañana, cuando lo llevara al especialista en milagros a la gruta de la virgen. Deseó que le pidiera ese viaje, así se hacía un extra antes de regresar.

Se estaba por cumplir un año desde que volviera a la Argentina. Apenas unas misas con aire nuevo en la plaza San Pedro, ni un mes había pasado desde esa emocionante jornada, que siempre había parecido inverosímil, y ya lo mandaron a ver la imagen de la virgen en una ventana de una ciudad de la provincia de Buenos Aires. Suspiró con algo de alivio cuando le dijeron que Arrecifes estaba en la Pampa Húmeda y rebalsaba de embutidos, pero nunca pensó que aquella ventana iba a ser nada más y nada menos que el principio de una recorrida sin fin por cientos de lugares tocados por la divinidad del señor en su tierra americana, ni mucho menos esperaba conocer la trastienda de la historia. Desde que Francisco estaba al mando, no pasaba una semana en que no aparezca un nuevo milagro en Argentina. Para quien lo mirara con ojos devotos, parecía ser cierto eso que siempre fue chiste en los pasillos de la Basílica de San Pedro: Dios es argentino. Y por lo visto en todo este año, el Todopoderoso estaba dispuesto a blanquearlo ahora que había ungido a Pancho Uno.

Salido del sopor en que se había hundido en el viaje, sacó la tablet y ojeó el documento que le habían enviado esa misma mañana. Abrió el informe sin demasiadas expectativas, aunque cada tanto aparecían casos reales, de estudio, de los que todo sacerdote duda. La fe se construye casi por imposición o costumbre, pero cuando llega a demostrarse puede resultar hasta de temer.

Este caso no podía ser muy distinto de tantas otras historias que ya había estudiado: una virgen, en capilla, gruta o ermita, que de golpe llora sangre sin explicación. Algunos testimonios, detalles técnicos y fotos que un cura o testigo acreditado pudo obtener, y algunos detalles sobresalientes: lo que realmente le interesaba. Este informe detallaba algunas cosas interesantes: la virgen llora sangre exclusivamente durante el día, con el primer rayo de sol y hasta el último resplandor. No habían encontrado evidencia de un charco o hueco visible por donde la sangre se filtre hasta desaparecer. Nadie se atrevió a mover la estatuilla, por temor a que el milagro frenara de súbito. La Santa Iglesia desconocía la existencia de la imagen, aunque los lugareños la frecuentaban desde hacía mucho tiempo. Se sospechaba que había sido depositada por un croata que tenía varias entradas en los registros de Gendarmería.

La ausencia de la sangre lo inquietó un poco. Una a una se repitieron en su cabeza las imágenes de otros casos, los especiales. Y el hombre de Arrecifes abordándolo para pedirle si podía confesarle algo. Vea, hombre, soy sacerdote pero mi misión aquí es otra. No, tranquilo padre, confesarle unos pensamientos, unas ideas que me nacen acerca de todo lo que pasa aquí. Y sin esperar la demanda el tipo había dicho que la fe está en el que la deposita, no en quien viene a comprobar un milagro, no en quien viene a decidir si esto es un acto de Dios o no. ¿Acaso el universo todo no es un acto de Dios? Entonces cualquier cosa es un milagro, incluso el hecho de que yo vea a una virgen en una ventana y usted me diga que son sólo cosas de las luces.

El argumento del hombre le pareció razonable, horas después, cuando lo pasó en limpio como para repasar la charla, que en realidad había sido un breve monólogo, una exposición. Era una idea casi justa, pero también estaba todo lo otro, todo lo que ese hombre no sabía, ni de la iglesia ni de Dios, ni menos que menos del universo. Todo lo que él hasta ese momento tampoco imaginaba. La sangre de la virgen desaparece misteriosamente, eso podría servir para justificar alguna especie de ilusión, pero detrás estaba lo que podía ser la verdad, lo que lo ponía a él en un lugar de privilegio.

Pensaba en ese hombre y en cómo le afectaría conocer ciertos secretos. Se sintió solo, como cualquiera que está detrás de un telón y sabe el truco sin poder compartirlo. El engaño mantiene al rebaño dentro de su corral, cualquier mago lo sabe, y esto no era muy distinto de eso. Salvo, decía un amigo, que en nuestro caso sólo estamos evitando que se vea una parte del cuadro, que no es lo mismo que mentir. Más de lo mismo, nada nuevo bajo el sol, al fin de cuentas era lo que siempre había pensado que era, pero de la conjetura a la confirmación hacía falta un salto de otro tipo de fe, como haber construido un puente sin saber realmente adónde se quiere cruzar.

Saciar el ansia por aprehender misterios lo separaba del pueblo que tanto amaba, y lo peor era que de aquí no había retorno.

Llegaron al puesto de Gendarmería justo a tiempo para la cena. Los acompañaron hasta el campamento de Vialidad, donde el encargado los esperaba con un locro hecho con ayuda de dos chicas francesas y un ecuatoriano que paraban allí para aclimatarse y subir al paso en esa semana. Las chicas, una semana antes, se habían topado con una gruta donde algún caminante había enclavado una imagen de Medjugorje para protección de los montañistas. Entraron a ver la virgen y la descubrieron llorando sangre. Una de ellas le había contado la anécdota a un primo sacerdote que había alertado sobre la situación al Vaticano.

Hablaron poco, la cabeza del sacerdote latía con fuerza. Le ofrecieron y aceptó el oxígeno, que lo reanimaría un poco. La migraña parecía cobrarle el peaje del espectáculo anterior. A duras penas descansó, pensando en que dos mil metros en un día era mucho, y que debería haber aceptado quedarse en las termas de Fiambalá a pesar del temor por un alud. Sentía en la cabeza como si cien monos estuvieran entonando salmos a los gritos y con bombos, así que decidió esperar al día siguiente para preguntarles a las chicas por su descubrimiento.

Tarde notó el error: las extranjeras tenían programado el ascenso y ya eran apenas unos puntos en el horizonte cuando amaneció por completo el día soleado. Preguntó si su destino no era el mismo, si no existiría posibilidad de interceptarlas, pero no hubo caso. Sin embargo, aquel contratiempo no lo desanimó demasiado. Palpó el morral y subió al coche después de Ulises, un gendarme que los guiaría hasta la gruta. Vamos a la gruta entonces, acá Ulises se ofreció a guiarnos… con suerte para la noche estaremos de regreso en la Capital.

Viborearon por caminos que escalaban las montañas de la cordillera y a la vez esquivaban sus picos. Teniendo en cuenta que la gente peregrinaba a pie, no resultó llamativo que en menos de una hora estuvieran en el lugar. La gruta apenas se veía detrás de unos arbustos, pero el sendero que conducía a ella era inequívoco. El especialista en milagros prefirió caminar esos últimos metros solo: por favor, sepan disculparme pero necesito privacidad para realizar la investigación, sobre todo para no contaminar la escena. Siempre echaba mano a términos televisivos para que las personas sintieran empatía, y siempre surtía efecto.

Se demoró dentro de la gruta alrededor de media hora. Observó cada detalle y cada recoveco. Movió la imagen de lugar y por fin dio con lo que estaba buscando, lo que le daba sentido a la situación. Quiso gritar de bronca, pero desistió. Un grito hubiera atraído a los dos de afuera, y eso era lo último que quería. Se mordió los labios. Odiaba estar en la posición que siempre había ansiado. Se sentía una especie de rehén de su propia obsesión. Volvió la virgen a su lugar y sacudió la cabeza disgustado mientras marcaba de memoria un número en el celular.

Se trata de un milagro de la luz, dijo, tratando de maquillar un poco el argumento que ya había venido ensayando en su cabeza. Es más, lo había meditado por la noche, cuando masticaba entre ideas y jaquecas los detalles del informe. La conclusión era más que clara sin casi mirar el escenario: sólo de día se ve que la virgencita derrama sus lágrimas de sangre, por lo que un efecto de luz dentro de la gruta explica el fenómeno.

El gendarme se adelantó a reprochar lo apresurado del veredicto, cosa que su superior le había advertido que podía suceder. ¿Tan sencillo de demostrar? ¿Cómo es posible? Mire, mi experiencia facilita mi trabajo… no es la primera vez que me encuentro con este tipo de escenarios… claramente la luz rebota en ciertos recovecos de la caverna y crea la ilusión que vemos cual lágrimas… Pero, dígame, ¿cómo es que nadie notó ese efecto antes? Ulises, entienda que a veces la fe provoca en la gente cierta necesidad de ver cosas que realmente no están ahí… Se detuvo un instante en el cual apoyó la mano sobre el hombro del gendarme. Pero hagamos una cosa, Ulises, cerraremos el lugar por un tiempo y me ocupo de enviar cuanto antes un equipo especializado que demuestre mi teoría… ¿eso le resultará más concreto a usted y su superior? Ssss, supongo que sí. Perfecto entonces, por favor le pido una mano para evitar el ingreso de personas al lugar… y dé por descontado que su colaboración y la del sargento serán debidamente agradecidas.
gotaDeTanti

 

Nota: Este texto quedó sin publicar en QNTF por cuestiones de logística, pero aún así insistimos en terminarlo y acá lo publico. La ilustración es de Gustavo De Tanti y la invaluable super edición fue hecha por José Sainz

momentos

en esa te fallo siempre
mi síndrome de impuntual
boicotea los cumpleaños
y vos me decís siempre que debería prestar atención
cosa que me falta, que no vino en el paquete
un error de cálculo en la fórmula
que utilizaron para hacerme

pero lo que quiero es hablar de vos
o hablarte a vos
por más que siempre lo haga
sos como las buenas historias
que te atraviesan sin que lo notes
y al tomarles distancia podés sentirlas
encontrarles la vuelta
decirles cosas que de frente no podrías
extrañarlas

y el amor se nos convirtió en eso ¿no?
en eso donde las cosas se dicen
cuando hay explosión de sentimientos
y cuando el río anda manso, callamos a remo
juntos, la mar de las veces
pero acaso en callar no reside que se amontonen las ramas
y el agua deje de correr?
no sé, esa teoría está mil veces dicha
sostenida en alto
lo que se calla, come por dentro

igual, no quiero que estas palabras
suenen tristes,
pero sí decirte cosas que no digo siempre
porque ya te dije: a veces no decimos
a veces la suma de años nos da licencia
para pretender que el otro sepa
que el otro preste atención
y vuelta a eso genético
que explica dos cosas:
no lo hago por desinteresado
no lo hago por que no te amo

y no sé si te pasa a vos
pero me caen momentos, en que extraño
esos días ajenos, de otro yo
en que el pelo me crecía para adentro
de la electricidad que sentía al verte
de la necesidad de una mirada
esos días que sabemos perdidos
porque ya pasamos por eso
y perder toda esta memoria
sería un desperdicio

¿y entonces? entonces eso
que se me vienen esos días y me rompen la cabeza
y te extraño teniéndote
porque ahora funcionamos en otra maquinaria
antes éramos dos ruedas
que querían ser una bicicleta
nada más que eso, livianos
y ahora somos engranajes, quizá motores
de algo más grande, engorroso
que demanda tanto y relega
esa liviandad a extrañarla
a tenerla bajo la almohada por si acaso

¿eso será el amor?
¿el amor para toda la vida?
no sé
pero sé que ahora tengo otros momentos
en que te veo y sos maravillosamente hermosa
que una mirada es como chispa
que saberte atravesada por algo oculto
te sigue haciendo misteriosa
que todavía no puedo entender
si estás enojada o es solo tu viejo impulso

sé que ahora mi sueño no es estar con vos
eso ya es parte de mi tierra
pero ahora mis sueños están en vos
y no es falso como decir “me completás”
no
si somos figuritas de distintos álbumes
¿pero qué mejor?
no necesito que llenes todos mis huecos
capaz necesito que seas quien abra los nuevos
y entre los dos volemos
que nos ayudemos a sentir las etapas
como lo que son: algo nuevo

porque si querés, si el mundo quiere
si la vida, la filosofía, quién quiera, hasta un dios ponele
el amor, no es sólo esa primera parte
no es desearse cuando todo lo que te desborda
se lo querés dar al otro
no es nomás romeo y julieta
es darse la mano, y caminar cada camino
soltarse de vez en cuando
saberse al lado, o por ahí dando vueltas
enojarnos con el otro
odiarnos de tanto que nos necesitamos
empujarnos porque estamos atados
y aceptarnos el codo en las costillas
y reírnos de tanto que nos amamos

porque tan solo una sonrisa
esa bolsita que escribí tantas veces
que hace que los ojos te sonrían solos, sin pedir más cara
y tu pelo, tu abrazo, tu boca
tus pechos y tu cola
y empiezo a ponerme borrachín
como cuando estoy así, loquito
y me olvido que estoy escribiendo un poema
que te estoy diciendo algo
me olvido si alguien me está leyendo o mirando
y sólo te quiero abrazar, y que me digas
que me pongo así cuando estoy pasado
y sí, será que el amor nos permite estas treguas
esas manos bajo la mesa
esas ganas de todo a la distancia y también cerca
el fuego que arranca sin necesidad de piedras
borracho me pone una caricia tuya
loquito que me acomodes la cadera

a veces te veo entre la gente
y es como si te soñara
la primera vez que te estuve soñando
como si no te conociera
y te digo: me arrebato

vos siempre ahí
y siempre no
¿qué importa?
todo lo que hasta ahora vino siendo
no tiene desperdicio
y dejarlo por sentado tampoco
entonces también me olvido
de que alrededor hay mundo
y me suelto
a esa capacidad tuya, poray nuestra juntos
de explotar el universo
y enroscarnos de vuelta en esas miradas
en ese refilón que desde el primer día
no nos suelta para nada
y divertirnos
siempre tratar de que eso
no se nos vuele del alma

Instrucciones para cargar un celular

Esta remake* pretende ser algo así como un pequeño homenaje a la obra viva del gran cronopio, que murió hace unos 30 años pero parece que fue ayer.

Preámbulo a las instrucciones para cargar un celular

Pensá en esto: cuando te regalan un celular te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el celular, que los cumplas muy feliz y esperamos que te dure porque es de buena marca, sony, samsumg o manzanita posta; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la cadera y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con una correa invisible como un hilo de baba desesperado colgándote de la mueca. Te regalan la necesidad de cargarlo todos los días, el deber de ponerlo a cargar para que siga siendo un celular; te regalan la obligación de atender a la llamadas de tu novia o tu vieja, de leer el diario en el subte, de atender al ruidito del wasap, de obsesionarte con los megusta del facebook, de tuitear hasta cuando estés cagando, de fumarte los 2020 madrugadores de la compañía telefónica. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu celular con los demás celulares, y la secreta desesperación de demostrar, sea como sea, que el tuyo es el mejor. No te regalan un celular, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del celular.

Instrucciones para cargar el celular

Allá al fondo está la muerte, pero no tengas miedo. Sujetá el celular con una mano, asegurate de que que la batería esté casi vacía: seguro hay una especie de pilita en rojo por arriba en la pantallita, caso contrario puede aguantar un rato más. Tomá con dos dedos el celular y con dos dedos de la otra mano insertále el enchufe del dispositivo que llamamos cargador, teniendo en cuenta que no hay que forzarlo, debe entrar sin demasiada presión, como hechos el uno para el otro, que ciertamente lo están, hechos uno para el otro, si no sucede eso es que le estás errando de agujero y, por ejemplo, estarás queriendo enchufarlo en donde van los auriculares que, por cierto, también deben tener otro instructivo.
Si no encaja correctamente en ninguno de los orificios es probable que te hayas equivocado de cargador y hayas optado por el del wifi, o el de otro celular, de la tablet, o andá saber cuántos dispositivos tengas en casa, según la escala de adicción tecnológica en la que estés incluido.

Si diste con el cargador correcto, sólo te resta encontrar un toma corriente libre en tu casa. ¡Menuda tarea! Por favor tratá de no dejar el celular atravesado en la puerta del baño o sobre la mochila del inodoro, tampoco lo dejes colgando al lado de la heladera, es de buen precavido ubicarlo en una zona horizontal preferentemente lejos del alcance de los niños.
Pasadas unas dos o tres horas de efectuado el enlace energético, el celular tendrá la batería llena, o casi. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las canoas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más querés, qué más querés? Metélo rápido en la funda, el bolsillo o la cartera, dejálo latir en libertad, imitálo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del celular, gangrenando la fría sangre de sus circuitos. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

*Remake del texto “Instrucciones para dar cuerda al reloj” del libro “Historias de Cronopios y de famas” (1962) de Julio Cortázar.

todo bien viento

Cada quien ataja
el miedo como le sale y hasta donde puede
Cada cual se hace frente
con la espalda que tiene

 

[viento]

Cuña, vení un cachito,
me llamó Flor, desde la oscuridad
como si su voz fuera el bosque
Cuña mirá,
se plantó hacia el sojal, sobrevolándolo más allá,
mujer mirando al sudeste
En el horizonte un gran rayón
separaba cielo de tierra, una grieta
de punta a punta del universo,
viva, discutiéndose,
debatiéndose enérgica
En el viento
nos llegaba el eco
de los gritos mudos
que te desarman hasta los peores nudos

Ahí está ella, pendeja luminosa
¿cómo hace para zafar
teniendo abierta una herida
de las que no cierran?
Supongo que hay un enorme valor
en ser un colador
y dejarse atravesar
por el viento que todo lo vive

| Verla así, sincera,
sonreírle al adelante,
ya debería servir de pequeña
guía de enfrentamiento

¿Cómo tenemos que sentir
hacia los demás
cuando lo inexplicable
nos ata las entrañas
anudándonos lo palpable y lo otro también,
en una gran bola,
un escándalo de tristeza
y conmoción,
unas ganas desesparadas
de subir a la peor montaña
y bajar rebotando
hasta que andá saber qué…
y la gente que te mira
con cara de luces bajas
esperando que te sientas de manera
que a ellos les dé oportunidad
de ser optimistas
y apretar apenas las comisuras
mostrando la resignación,
la comprensión
de que seguimos estando
aunque hayamos perdido un copiloto?

Supongo que también supongo mucho
y en lugar de pensar habrá que fluir|

 

[contra viento]

Me dice al toque,
ahora mirá la luna
¿Dónde?
Allá, entre los árboles
Un medallón naranja,
sol de noche
Me queda decir que la luna,
como toda mujer,
se muestra más linda
cuando está rodeada
de plantas o tormenta

No tardamos en invocar a la manada
Fotos, emoción, alegría
de ver algo que está casi siempre
Debe ser que vivimos
tan enjaulados
que ver lo natural
nos hace oler la libertad
y llenarnos de cagazo

La luna subió
y arrastró una segunda
turba de nubes negras
Parecía inminente la batalla
y nosotros, transeúntes del planeta,
espectadores, simples,
sintiendo el poder
del aire cuando se riñe
se caga a cachetadas
siendo punta de lanza
de los reyes trueno

La Negra que le dice
a Javi, en tren de cancherismo:
no me voy hasta que el viento
me arrastre a la tranquera,
y no pasa un segundo
que una rama
le pechea las tetas
Habrá algo en el equilibrio
natural de las cosas
que ella, justo ella / mujer de dios
debería saber
que hasta su hombre ha discutido
con la naturaleza,
y es como en las cartas
de superhéroes o las match4:
no hay algo que no pierda
contra nada…
pero ¿qué seríamos
nosotros los hombres
si algunos no se atrevieran
a mojarle la oreja a lo temerario?

 

[            ]

Fuimos y vinimos
todos y de a grupitos
varias veces
a un triángulo ofrecido
donde doblaba el alambrado
frenando a la siembra,
donde podíamos estar a resguardo
de los árboles
que al viento son peligrosos
El cielo y la tierra
como en un cine 5D,
la tecnología imposible

En un momento,
solo, solísimo hasta de mí mismo,
le hablé a la tormenta
con la libertad
del que está loco
y no rinde cuentas
En general uno tiene pose
de desafío,
y el viento que grita,
réqueté grita,
pero de pillo calla el barullo
dándole chance a la cabeza
de aferrarse al miedo,
esa cosa que nos condena
a muchos tipos de encierros
Ahora que lo siento,
la tempestad aturde
pero aplasta con su silencio:
Elásticos segundos
que te ponen a descubierto,
que te respiran al oído
invitándote a levantar campamento
La promesa muda
de expulsarte
cuanto más estés dispuesto a temer

Las más de las veces
escribir es algo
duro, trunco, tosco,
como el viento,
como la vida
con esos diálogos que nunca terminan
y se vuelven líneas sin tono,
cosas que quedan por decir
porque no está dicha nunca
la última palabra
(si acaso sabemos cuál fue la primera)…
Será que cambia el lenguaje,
los códigos naturales,
y habrá que permitirse interpretar de a poco
abriendo otros ojos…

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Materialmente éramos: Negra + Dios + Javi + Eze + Leo + Na + Fede + Euge + Milo + Seba + Luli + Lucas + Sil + Dito + Flor + Jose + Moshita + Vicente + Simón + Quito + Nippur + Robertita + Huguito + Don Luna + otros perros + ovejas + yegua + incontables alimañas y especies vegetales + diversos etcéteras

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