El hombre midió y marcó la altura con su soberbia, como si con ella la distancia pudiera ser mayor.
Estudió al niño con aire gracioso, quizá irónico. Creía, con sus más de cincuenta años, que tenía la vida del pequeño en sus manos.
Tantos años de experiencia suelen servir para plantarse cual árbol de apariencia robusta y sabia.
–Decime pibe… Qué quisieras ser cuando seas grande? –preguntó, sosteniendo el “quisieras” como un probable improbable.
El chico lo miró pensativo.
–Mmm, qué quisiera ser?… quisiera ser… –caviló un instante, observando a la nada que quizá fuera el futuro.
Meditó, como masticando la respuesta, la manera de decirla.
Y oyendo su primer pensamiento adulto, por fin dijo: –Quisiera ser no grande…

magnifico
Me gustaMe gusta
GRACIAS QUITO! YO TAMBIÉN !
Me gustaMe gusta