El gran golpe

Caminábamos por Santa Fe
en una columna homogénea.
Nos empujaba cierta desesperación.
Alguien hacía ruido a cacerolas,
le colgaban como si fuera de esos
que compran cosas usadas.
Dealer cacerolero.
Podíamos sentir el pálpito,
la energía del ambiente,
la libertad de Noviembre a 33 grados,
la democracia de poder indignarse,
por lo que quieras.

Crucé la mirada con alguno.
Me planto y se pudre, pensé.
Digo no a la violencia,
pero mi inquietud
me angustiaba.

Seguimos por dos cuadras
en caravana ansiosa.
Ellos, volvían de sentirse
pueblo.
Nosotros, íbamos
corriendo, frenados por ellos,
hacia Swiss Médical.
Nos urgía el miedo,
Simón se había dormido
tras romperse la trompa
al caer de la escalera.
Su primer gran golpe.
Nariz de boxeador.
Labio roto.
¿Qué sabíamos si algo más?

Ellos, sentían la comodidad
de verse unidos
por reclamos a la carta.
Los entendí esta vez:
me chupaba un huevo su reclamo
ahora que lo mío era más importante.

Igualmente
ellos y nosotros, estábamos
movilizados por la inseguridad.
Nos diferencia la culpa.
Yo no puedo dejar de pensar
en que es mi culpa.
Ellos, no sé si todos,
Culpan a otro…

Llegamos, Swiss Médical.
Cuánto puedo indignarme,
si hace nomás una década
mi sueldo planero no pagaba ni el bono del hospital?
Miré a los desencajados
y volví a desentenderlos.
Me pregunto si allá en la plaza,
o el obelisco,
habráse visto / hoy
algún planero
indignado porque le han nacido
con la deuda pendiente
en rojo.

Me sonrojo entonces
de estar caminando por Santa Fe,
buscando salud open 24.
Atención instantánea.
Aire acondicionado.
Con mi hijo víctima
de la inseguridad
de su casa.
Me da más calor que 33 grados,
haber hecho bulto palermitano
sin haber pertenecido.

Simón fue atendido y liberado
antes de que vuelvan / a sus casas
la mitad de los indignados.
Cruzamos la ciudad,
suspirando la contenida tensión.
Nosotros, y ella, y ellos.
La cuestión de esta discriminación
de esta división tan señalada…
Antes no existía?
Antes nada nos dividía?

Tomamos por la línea divisoria
imaginaria / ?
que es Rivadavia
y dejamos el auto. / En la cochera.
Duerme adentro.
En la puerta de casa,
como siempre, los pibes
del paco
Paran ahí hace un tiempo
hasta que los corran.
Me piden agua fresca
y no me doy cuenta
que teníamos en la mochila.
Le digo no, por inercia.
Aunque siempre trato
de tener buena onda.
Ellos duermen afuera.
Caen todo el tiempo por las escaleras.
No tienen Swiss Médical.
Tampoco cacerolean.
Capaz porque no tienen cacerolas.
Capaz porque los dejamos afuera
de todas las mitades
de este lado
y de aquél otro.
Fuera de todas las manzanas.

3 comentarios sobre “El gran golpe

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